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Alucinación pasajera

El acomodador partía la oscuridad con el haz de su linterna, sorprendiendo a los espectadores que indefectiblemente se volvían hacia ellos, haciéndole sentir culpable. Finalmente encontraron un hueco libre, entre un hombre delgado de aspecto desagradable y una pareja de jóvenes que andaban explorándose las amígdalas cuando la linterna les señaló.
De la pantalla fluían vísceras y litros de sangre. El grupo protagonista huía mientras alguien los iba descuartizando poco a poco, cada vez de formas más originales y espectaculares. El tipo mal encarado apenas pestañeaba y los enamorados de su izquierda parecían haberse sosegado, aunque los ronroneos de ambos indicaban que habían comenzado a jugar con las manos.
Entonces me acordé. Una tarde lluviosa, el refugio de un cine a punto de desaparecer, una mirada furtiva, un roce casual. Sentí de nuevo en mi mano el calor de la suya, volví a estremecerme cuando ella pasó a acariciarme el muslo. Regresó a mis mejillas la rojez de entonces y me di cuenta de que las sensaciones táctiles eran reales. Me levanté y salí precipitadamente del cine.
¿El hombre? ¿La chica? Mi sentido común me decía que el uno, mis deseos sugerían que la otra.

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