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Mostrando las entradas etiquetadas como Mitología

El rapto de Europa

Llevo más de 300 años confinada en este marco, sin poder moverme ni variar mi campo de visión. A diario pasan por delante cientos de personas, muchas de apariencia extraña y con idiomas que no llego a comprender. Creada con Dall•e No sé cómo pasó. Recuerdo que estaba muy enferma, sabía que me estaba muriendo porque me costaba respirar cada vez más. También recuerdo que cerré los ojos y la oscuridad lo llenó todo, incluso el pensamiento. De hecho, cuando Giacomo me pintó ya había comenzado a sentirme mal. De ahí la mirada febril y casi desesperada de mi retrato. Zeus está a punto de violar a Europa en Creta. Yo soy Europa y miro al espectador con una mueca de terror, con los vestidos desgarrados y dejando a la vista la mayor parte de mi cuerpo. Aunque, en realidad, no es mi cuerpo. Giacomo me engordó un poco y me puso unos pechos generosos. Decía que el marqués quería un cuadro que invitase a la lujuria, y mi delgadez de entonces resultaba muy poco atractiva. Él ya sabía que me estaba m...

Las huellas, las estrellas

Entrecerró los ojos y volvió a mirar al cielo. Los puntos blancos se hicieron más nítidos y pudo comprobar que algunos tenían un contorno similar a la huella del mamut. Desde siempre le habían llamado la atención aquellas luces de lo alto, y que la mayor parte de las noches podía ver desde la boca de la cueva. Sin embargo, desde que fue aceptado como un cazador más del clan, tuvo que esconder su afición demasiado infantil, y apenas encontraba ocasiones para escudriñarlas. Tenían hambre, cada vez era más difícil encontrar manadas. Los grandes animales que servían para alimentar durante muchos días y que proporcionaban huesos y colmillos para las herramientas, parecían más escasos que nunca. Habían aprendido a esconderse o habían huido de la tierra, y aquellos círculos blancos del cielo nocturno eran el rastro que habían dejado al pasar.

Heracles llora

El rayo cayó justo a su lado. La honda expansiva de la explosión le desequilibró, tirándole al suelo. Se incorporó rápidamente y elevó los brazos al cielo. Con el rostro plagado de lágrimas gritaba al cielo, mientras las gotas de lluvia limpiaba la sangre de sus manos, la sangre de sus hijos. – ¿Por qué? ¿Soy tu hijo o soy un juguete de tu capricho? Dime padre qué soy para ti. La tormenta comenzó a alejarse y Heracles quedó arrodillado, incapaz de moverse, paralizado por la culpa de haber matado a sus hijos, maldiciendo a su padre y su destino.