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Mostrando las entradas etiquetadas como Vida eterna

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

La sexta vida

Esta es mi sexta vida. O mi sexta iteración. O mi sexta versión. Desde hace casi dos siglos he ido creando reiteraciones de mi mismo. Clones a los que mis anteriores versiones han educado y les han explicado mi-nuestra historia. Hemos sido físicamente idénticos, pero en el fondo cada uno de nosotros ha vivido su propia vida: los genes se clonan, los recuerdos no. Por eso es tan extraña esta sensación. Debería ir preparando ya mi nueva copia y, sin embargo, siento un cansancio agónico, como si hubiera sido este mismo cuerpo el que hubiera estado sobreviviendo por más de 200 años.

Aullar está sobrevalorado

http://aullidodelunallena.blogspot.com/ En la sociedad que vivimos aullar a la luna está sobrevalorado. No se rían, es cierto. Si yo me pusiera la próxima noche enfrente de su terraza a lanzar aullidos ustedes pensarían que soy un loco. O un genio. Puede que incluso un loco genial. A ninguno de ustedes se les pasaría por la cabeza que, simplemente, soy un idiota. Hay algunos actos que, inducidos por la historia o por la literatura, nos parecen el reflejo de un carácter destacado y brillante, aún cuando la naturaleza misma del acto sea una insensatez. ¿Cuántos de ustedes me compararían con Van Gogh si justo ahora me rebanase una oreja? ¿Por qué? Porque nos cuesta asumir la sencillez. Todo debe tener un sentido; en todo debe ocultarse un trasfondo que explica lo aparentemente inexplicable. Créanme, las cosas siempre son más sencillas de lo que creemos. Y, si ustedes se cruzan esta noche con alguien que aúlla a la luna, no se sorprendan, sólo quiere que le tomen por genio o por lo...

200

Nunca se había propuesto llegar tan lejos. Su experimento sobre una sustancia que evitara o retrasara la muerte celular había logrado llegar hasta quintuplicar la vida de una ameba. Pero, entonces, se acabaron los recursos financieros para el estudio y se vio obligado a dejarlo. Pero antes de abandonar el laboratorio quiso llegar lo más lejos posible en las investigaciones iniciadas. Le animaba la esperanza de recuperar las subvenciones y ganar si acaso un premio Nobel. Así que hizo lo que nunca debe hacer un científico que le tenga aprecio a su vida: probó la sustancia en si mismo. No logró nada de lo previsto: ni recuperar los fondos, ni el premio Nóbel. Pero le daba igual, acababa de tirar a la basura el almanaque número 200 después del experimento.