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Mostrando las entradas etiquetadas como maldiciones

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

Recordar una décima de segundo

http://tiempodenada.wordpress.com/ Hay muy poca gente con memoria perfecta, una maldición que haría las delicias de Borges, pero que implica recordar incluso aquello que se quiere olvidar. En mi caso, además, puedo remontarme hasta el mismo momento de mi nacimiento. Recreo los jadeos y gritos de mi madre, la voz acariciante de la matrona (supongo) animándola, y el diagnóstico del ginecólogo: “Definitivamente, es un niño”. Sin embargo, hasta donde yo sé, no hay nadie que sea capaz de vivir el tiempo real. Desde que suceden las cosas hasta que nuestro cerebro las procesa pasa una décima de segundo. Vivimos en un falso directo continuo. No quiero presumir, no voy a decir que mi proceso mental sea más rápido que el del resto, lo que sucede es que mi recuerdo es consciente de ese retardo y lo procesa. Por eso, mi percepción de los sucesos pasados es mucho más completa en el recuerdo que en el momento en los que los viví. Y por eso digo que lo mío es una maldición, porque recuerdo ní...

Uno de los 100

Partió siendo un niño, con su padre, en busca de la ciudad de los inmortales. Tardó 20 años en encontrarla y, por el camino, perdió toda conexión sentimental con su pasado y con su tierra. Por eso no dudó en alistarse en el ejército de los 100 . Durante siglos guerreó al lado de los hombres más valientes de los que la historia tuvo noticia, hombres que no tenían miedo a la muerte porque no podían morir. Sin embargo, un día, su brazo no pudo seguir alzando la espada, porque su mente se había anclado en un recodo del Nilo, en la mirada de una joven de piel brillante. Esos ojos le siguieron hasta Alejandría y, desde allí, hasta Roma, atravesaron con él la Galia y se apostaron a la orilla del Rin. No la olvidó, no podía. Y cuando quiso regresar a aquel lugar, encontró una mujer vieja, que miraba con la misma dulzura, pero que esperaba la muerte antes que a un amor perdido. Entonces volvió buscar, con más empeño que antes, un lugar, un arma, un enemigo que le librara de su maldición eterna...