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Beatriz buscándose en el hielo

Aquel año había adelantado sus vacaciones para poder viajar a Argentina. Tenía previsto un mes de viaje de casi-novios con Eduardo. Pero una semana antes de iniciar la ruta, él le dijo aquello de «tenemos que hablar». Finalmente se convirtió en un tránsito de superación personal y sentimental. Poco a poco, la distancia y el paso de los días fueron suavizando el dolor, hasta que llegó a pasar un día completo sin echarle de menos. El mejor momento de aquel día lo vivió en el Perito Moreno, apoyada en la regala del barco en el que se hacía la excursión. El patrón se aventuró a acercarse a la mole de hielo más de lo que parecía aconsejable, pero eso le permitió fijar en su memoria el instante en el que pudo verse reflejada en el hielo. Esa soy yo, se dijo.Aquella imagen le acompañó de vuelta a España y gracias a ella superó sin mayores problemas el reparto de los bienes, la búsqueda de un nuevo piso y la soledad de una ciudad en la que lo único que le quedaba era el trabajo. Foto: Pixabay ...

Realidad prohibida

"No debería estar prohibido retratar la realidad", pensaba mientras se afanaba en los gestos estudiados para sacar la cámara y disparar los encuadres elegidos. Clic: un niño cruza la calle. Clic: una mujer pide en la puerta del supermercado. Clic: un hombre rebusca en la basura con medio cuerpo dentro del contenedor. Clic: un hombre camina calle abajo, con la mirada fija en el suelo.

Y el general levantó la cabeza

Le pareció que había dormido demasiado. No recordaba el momento en el que había cerrado los ojos y cualquier recuerdo le resultaba demasiado lejano. Esa fue la primera fuente de extrañeza. La segunda provino del lugar. A poco de abrir los ojos pudo darse cuenta de que descansaba en un espacio estrecho pero enormemente apolillado. Con apenas un gesto pudo desencajar lo que quedaba del féretro y así ganar algo más de espacio. La tercera fue no necesitar respirar. Añoraba la vieja sensación del aire atravesando sus fosas nasales, resbalando hacia dentro de su cuerpo. Después de eso, dejo de extrañarse. Salió del mausoleo con menos trabajo del supuesto. La verja estaba desvencijada y era obvio que el mantenimiento de la tumba se había suspendido hacía años. Luego encaminó sus pasos hacia la calle, atravesando el camposanto que una vez inauguró bajo palio, y al que había entregado muchos de sus más secretos inquilinos. Pudo notar las miradas de los pocos visitantes, pero no descubrió en el...