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Mostrando las entradas etiquetadas como agua

Jirones de roca

El mar rompe una y otra vez contra las rocas del acantilado, arrancándose jirones de espuma en cada acometida. La piedra, altiva, hace frente a las acometidas que se repiten una tras otra, desde siempre; y que seguirán produciéndose hasta siempre, en un proceso eterno. Pero la roca, poco a poco, va siendo vencida por el agua, que a veces suave y acariciante, a veces enérgica y salvaje, hiere su alma pétrea. Y mientras la roca se desmorona paulatinamente, sus lágrimas de arena aspiran a ser mecidas por las mismas olas que las han creado.

El diluvio

Atrapada tras un muro de agua, la ciudad permaneció varios días dormida. Las gentes se protegían del nuevo diluvio atrincherándose en casa, y sólo se veían por las calles coches de bomberos y aquellos incautos que habían agotado ya los víveres tras tres días de encierro. Por las radios el mensaje era de tranquilidad, se pedía a los ciudadanos que no salieran de casa si no era estrictamente necesario, y se rogaba que no colapsaran las centralitas de los centros de emergencias de la ciudad. Al cuarto día comenzaron los desalojos, primero de los pisos bajos y garajes, luego de edificios más altos cuyas estructuras comenzaron a resentirse. Al mismo tiempo comenzaron a verse los primeros locos de las aguas, personas que deambulaban por las calles, sin importarles ya mojarse, en busca de comida. Pronto algunos de estos locos se organizaron en bandas de pillaje y para cuando cesó el diluvio, después de dos semanas, la ciudad estaba en sus manos y ya nada volvió a ser como antes.