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23 notas

Cuando los títulos de crédito fundieron a negro, la melodía que había servido de  hilo para trenzar el desarrollo de la película siguió sonando en su cabeza. Primero de forma silenciosa, pero al poco tiempo como un tarareo suave. Las imágenes apenas volvían, tan solo la música y los colores brillantes de la fotografía. Dos historias paralelas, la triste de la música, frente a la feliz de las luces. No sabía con cuál quedarse. Las 23 notas borraron esa duda, adueñándose del pensamiento mientras el coche, casi sin conductor, dejaba atrás el cine.

Una última toma

Primera escena: un primer plano de su rostro, con la tensión reflejada en el maxilar. Abre plano y se ve cómo el coche que pilota va ganando velocidad. La cámara avanza unos segundos con el coche y luego pasa a enfocarlo por detrás. Su mente de director imagina el final de una película. Cambio de plano: el coche va ahora hacia la cámara. Entre ellos un quitamiedos y un precipicio. El enfoque se olvida del coche y nos muestra las piedras puntiagudas del fondo. Plano lateral: el coche atraviesa el quitamiedos a cámara lenta. Zoom sobre la cara de nuevo. Ahora ya no hay tensión, pero se ve claramente el abultamiento en la cabeza: el espectador debe entender el desenlace. Se abre plano y el coche cae a velocidad normal sobre las rocas. No hay explosión, esto es la realidad. Fundido a negro.

Un plano corto, una teta y un mal guión

elsenorgordo.com La película es una supuesta comedia. Sin embargo, apenas hay ocasión para la risa: unos personajes exagerados no siempre resultan graciosos. El guión no sabe sacarles provecho. Y el director se ha perdido en una sucesión de planos cortos, con los que resulta mucho más obvia la inexpresividad de los actores. Es mala, mala de solemnidad. Y, sin embargo, mis dedos se han quedado paralizados en la segunda presilla, absorto en la labor de confirmar el diagnóstico inicial. Ella me pregunta qué por qué no sigo, que si me pasa algo. Y yo dejo pasar mi primera oportunidad de tocar una teta por un traveling de primeros planos que es la primera situación realmente cómica de la cinta. Entonces se levanta airada y avanza por el pasillo camino del cartel verde de Exit. Y lo único que pienso es que la situación sería ideal para una típica comedia adolescente de los 80. La escena funcionaría muy bien.

Una vida de cine

Se lo oyó a un viejo profesor hacía muchos años: "la mejor versión de la vida está siempre en el cine". Él se lo creyó, y centró su propia vida en las imágenes proyectadas. La mayor parte de sus vivencias eran tomadas prestadas del cine. Incluso, las fiestas familiares sólo se fijaban en su memoria cuando las revivía a través de los vídeos caseros. Por eso, cuando escuchó de un oscuro personaje cinematográfico que "el cine siempre copia a la vida" pensó que todo su Universo era una burda copia de otra realidad.

Fundido a negro

Él le dice que no quiere seguir. Ella le responde que han sido muchos años y que no entiende como es posible que piense que se ha acabado el amor, que en realidad debe haber otra. Él dice que no, que no hay otra, que simplemente ya no la quiere y que le parece que confesarlo es lo más honesto para con ella. Pero ella le abofetea, le llama mentiroso y rompe a llorar mientras él se aleja con la maleta en la mano izquierda. Mira a cámara y dice: "Nunca te olvidaré". Fundido a negro y FIN. Un gran plano, se dice. Lástima que lo que ella imagina cómo una escena cinematográfica en realidad sea su vida, y que la palabra fin no sea una promesa de nuevas aventuras, sino el cierre de uno de los capítulos más importantes de su existencia. Ya no llora, no puede, ahora se enfrasca en encontrar una banda sonora acorde con los últimos acontecimientos. Y, mientras la busca, se da cuenta de que él tenía razón: incluso ella ya no le amaba y se sentía, hasta cierto punto, aliviada. En realidad ...

Alucinación pasajera

El acomodador partía la oscuridad con el haz de su linterna, sorprendiendo a los espectadores que indefectiblemente se volvían hacia ellos, haciéndole sentir culpable. Finalmente encontraron un hueco libre, entre un hombre delgado de aspecto desagradable y una pareja de jóvenes que andaban explorándose las amígdalas cuando la linterna les señaló. De la pantalla fluían vísceras y litros de sangre. El grupo protagonista huía mientras alguien los iba descuartizando poco a poco, cada vez de formas más originales y espectaculares. El tipo mal encarado apenas pestañeaba y los enamorados de su izquierda parecían haberse sosegado, aunque los ronroneos de ambos indicaban que habían comenzado a jugar con las manos. Entonces me acordé. Una tarde lluviosa, el refugio de un cine a punto de desaparecer, una mirada furtiva, un roce casual. Sentí de nuevo en mi mano el calor de la suya, volví a estremecerme cuando ella pasó a acariciarme el muslo. Regresó a mis mejillas la rojez de entonces y me di cu...