No tuve conocimiento de la existencia de los manuscritos hasta el año 1982, lo recuerdo porque ese mismo año celebramos en España el Mundial de fútbol, aunque realmente debería decir que recuerdo el año del mundial gracias a los manuscritos. Estos provenían de una excavación realizada en el entorno de las cuevas de Qumrán, en el Mar Muerto, donde en 1947 se encontraron los famosos manuscritos esenios. Sin embargo, los que me ocuparon desde entonces la mayor parte de mi tiempo, tenían un origen posterior a la mayoría de los esenios. Las dataciones encargadas por muy universidad nos ofrecieron un rango aproximado de entre el año 10 y el 50 después de Cristo. Estaban escritos en hebreo y firmados por un tal Samuel, hijo de Pedro. Desde el primer momento supimos que teníamos en nuestras manos el primer Evangelio de la historia, pero lo que no pudimos entender es porqué una obra como esa acabó enterrada en el desierto, cerca de ninguna parte. Al menos hasta que llegamos a la frase en cuesti...