Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como accidente

El Caníbal

http://www.sxc.hu/profile/johnnyberg Con el hambre agarrada a tus tripas no piensas con claridad, ni te mueves con la suficiente rapidez. Estaba solo, entre dos ejércitos que no me conocían, rebuscando entre los escombros algo que comer. Pero era evidente que alguien con más hambre que yo había pasado antes y era incapaz de encontrar nada. Es en ese momento que probé la carne humana. Bajo los escombros de una tapia derruida vislumbré un pie. Me dio la impresión que era de mujer, aunque no estaba para fijarme demasiado. Tiré de aquel pie para sacar el cuerpo de los escombros, pero no pude moverlo. Me di cuenta de que estaba frío y, por tanto, muerto, aunque aún el olor a podredumbre no había sido capaz de vencer al de la guerra. Entonces lo vi, casi enterrado por los cascotes de la pared: un chusco de pan, una joya para un hambriento. Apenas lo sacudí un poco, con ansia me llevé el pedazo a la boca y lo mordí con fuerza. Junto con el tacto del pan en mi boca, noté un intenso d...

El accidente

Mira hacia atrás. Al otro lado del pasillo le espera su cuerpo vacío, muerto. En realidad, aunque no quiere creerlo, piensa que aún es posible el milagro, que ese cuerpo que le piden reconocer no es el suyo: que esta desgracia no es la suya. Quiere creer que no subió al avión, que se quedó atascado en Buenos Aires, o en Santa Cruz, y que aún no ha podido llamarla. O, en el peor de los casos, también posible que esté entre los heridos y que no hayan podido identificarlo. Los latidos acelerados de su corazón ahuecan los sonidos, por lo que no entiende las palabras que le dice el policía mientras levanta la sábana. No es él. Está segura. De regreso a la sala de los familiares llora. No sabe si de alegría, porque es posible que siga vivo, o de tristeza, pues su terrible espera deberá continuar. _ _ _ Nota del autor: Mi más sentido pésame a los familares de los muertos en el accidente de Barajas.

El desfiladero de las pesadillas

Una caída de 3.000 metros y apenas unos pocos rasguños. Los árboles amortiguaron el brutal golpe y la suerte, esquiva casi siempre, hizo el resto. Los médicos asombrados, no podían dar crédito a lo que veían reflejado en la pantalla del escáner. El hombre del milagro, le llamaron. El Hombre del Milagro acaparó espacio en los informativos, visitó algunos platós y, en el momento álgido de su popularidad comenzó a recibir cartas de personas que le pedían milagros. Nunca pensó que eso fuera posible, pero una generosa oferta de dinero le persuadió de intentarlo. Y, ante su sorpresa, la mujer de la silla de ruedas se levantó y anduvo. De la noche a la mañana se transformó en el Hombre de los Milagros y su casa se convirtió en un lugar de peregrinación y el almacén de los miles de regalos de todo tipo que los fieles agradecidos le hacían. Pero por las noches, el Hombre de los Milagros soñaba una y otra vez que caía por el mismo desfiladero que el día de su accidente. Cada noche volvía a sent...