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Mostrando las entradas etiquetadas como Humor

El vaso medio lleno, o medio vacio

Nunca he sabido decidirme sobre este particular, nuca. Ante el vaso relleno hasta la mitad, nunca he podido decir si estaba medio lleno o medio vacío. Ya sé que parece una tontería más de las muchas que digo al cabo del día, pero el asunto es mucho más profundo y profuso de lo que parece. Este asunto es un reflejo de mis inseguridades, de mi falta patológica de criterios propios, de capacidad para tomar decisiones. De esto se deriva que no sea capaz de decidirme por una camisa verde esperanza o verde mar, de decidirme entre un coche deportivo o un monovolumen familiar. Es también la razón que hay detrás de mis malos resultados en todas las pruebas que me han puesto en forma de test. En última instancia es esta indecisión la que me ha impedido a estas alturas de mi vida tener una pareja estable, pues siempre que me he tenido que enfrentar al compromiso me han asaltado las dudas: – ¿Me quieres? ¿Quieres que nos casemos? A estas preguntas sólo se me ocurre responder "pero el vaso, ¿e...

El médico filósofo

Cayó como una piedra. Habían pasado ya varias horas desde la última vez que vomitó y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Hasta que perdió el conocimiento. En algún lugar de aquella carretera que era a medias una gran autovía (por la anchura) y una calle (con gente cruzando, coches parados en cualquier parte y cambios de dirección atravesando la mediana), debía haber un ambulatorio de urgencia. Decía el guía que había varios a lo largo de la vía. Las habitaciones pintadas de blanco necesitaban todas una reforma urgente, las cortinas negreaban, las mantas llevaban meses sin cruzarse con el agua y el personal parecía estar incrustado en la indolencia, como la mugre de las paredes. Afortunadamente, todos se pusieron en movimiento en cuanto entramos. A duras penas nos enteramos que el médico no estaba, pero que habían ido a buscarlo. Notamos que todos hablaban de él con cierta ceremonia, y hasta emoción. Lo entendimos al verle. Era un hombre inmenso, que vestía un chándal crema, ador...

Un polvo enconado

– ¿Cómo dice? – Lo que ha oído. Usted está de mal humor, cree que su mujer no le quiere. Piensa que su vida se escapa entre los dedos y que ni puede hacer nada por evitarlo, ni se ve capaz de aprovecharla. Se lo puedo decir de forma más técnica, pero yo creo que lo que tiene usted es lo que yo llamo un "polvo enconao". – Es posible, pero no uno, ya deben ser cientos. En cualquier caso, ¿qué puedo hacer? – Tiene usted, en principio, un par de opciones. Puede poner las cartas sobre la mesa y hablar con su esposa. Puede usted decirle cómo se siente. Esto pude ser la solución, o el inicio de una crisis en su matrimonio. – Ya... ¿Y la otra opción? – ¿Ha oído usted hablar del bromuro?

Sin pecado concebida

– Ave María Purísima. – Sin pecado concebida. Dime hija, ¿de qué te confiesas? – De lo de siempre, padre: lujuria. – Pero hija, ¿otra vez? – Es que no lo puedo evitar, el hábito me pone. Y yo... Intento retenerme, pero finalmente mi mente se rebela contra el deseo de acallar mis ansias. Y... – Me pones en una situación muy complicada. No puedo negarte que yo mismo he tenido... tentaciones. Pero siempre antepongo mi amor a Dios. – Padre, es que le quiero tanto... – Ya te he dicho que no puede ser. Además de ser mujeres, las dos sois religiosas. Reza cien Ave Marías y ten a mano siempre algo de hielo.