Quisieron mi ánimo y la suerte que el otoño fuera tan solo invierno. Un invierno de fríos en la calle y en las circunvalaciones de mi cerebro. Nevaba más dentro de mi cabeza que en la Sierra. No parecían tener fin. Ni el de dentro ni el de fuera. Afortunadamente, ya muy adentrados en mayo, el sol comenzó a calentar la vida y mi invierno quiso buscar sonrisas furtivas que iniciarán el deshielo.