Una mirada furtiva. Una pregunta inocente. Una forma rebuscada de decir tu nombre y conocer el suyo. Un desaire esquivado por poco. Una invitación en la cafetería del hotel. Una conversación sorprendentemente franca. Un punto y final que es un punto y seguido. Una coincidencia de planta. Un ascensor que parece estrecharse. Unos labios que se buscan y se encuentran. Un sentimiento de culpa. Un lo siento, no puedo hacer esto. Un regreso solitario a la barra. Una solitaria copa de wiski.