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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor traicionado

Nueve años de esclavitud

http://www.couriermail.com.au/ El nueve es un número mágico. No es una década, pero casi. En el cubo de tres, por lo que incita a pensar en triángulos. De todo tipo. El nueve no llega a ser un siete, pero es lo más parecido. Una relación de nueve años es algo más que un noviazgo. Se trata casi de una eternidad en la que todas las células del cuerpo de los amantes se han renovado. Tal vez hayamos estado tanto tiempo juntos que ya no somos los mismos, y tampoco somos capaces de volver a enamorarnos el uno del otro, como dos completos desconocidos que se ven a diario. Eso es lo que le he explicado a ella. La verdad es otra. Siempre he necesitado alguien a mi lado con una personalidad fuerte, alguien que me ayudara a elegir el camino a seguir o que, directamente, me lo indicara. Blanca lo tenía claro, había trazado un plan milimétrico en el que mis opciones se reducían a formar parte de su sueño. Y eso me gustaba, porque me hacía sentirme seguro. Pero llegó la herencia de la tía Mar...

La mariposa

Foto: http://guillamat.espacioblog.com Nueve años y sólo una llamada. "Necesito estar solo". Y luego, el pitido entrecortado del teléfono y nada más. Lloró. Primero fue dolor, luego rabia y, finalmente, costumbre. Él le había prometido un futuro juntos y ella no fue capaz de imaginar otra vida. Sus sueños y anhelos se habían convertido en el reflejo de los suyos. Su vida era el guión de un romance perfecto. Y él era el protagonista absoluto de la película. Los meses que pasó vaciándose de lágrimas la transformaron. Su casa fue el castillo en el que culminó su metamorfosis. Ya mariposa, bella porque quiso ser bella, reunió su ropa, sus recuerdos y regalos y los abandonó junto al contenedor. Luego, marcó su número, le dijo "ya no te necesito" y echó a volar.

Nefertiti

Ella quiso ser él, quiso tener su poder. Y él, enamorado y ciego, fue un instrumento en sus manos. Por ella construyó la nueva capital. Por ella, Atón sustituyó al viejo Amón en el panteón oficial del reino. Por ella, la familia real fue asimilada a la divina. Por ella se erigieron templos y su nombre apareció en las estelas junto al del faraón. Pero, mientras Akenatón soñaba con disfrutar de su amor, ella trataba con los sacerdotes de Amón la vuelta de los antiguos dioses, a cambio de ser ella misma la única reina, el único rey. Así que mientras el viejo faraón moría con el corazón destrozado, Smenjare subía al trono, olvidando que una vez se llamó Nefertiti.