Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como robo

El penúltimo robo del siglo

Estaba todo ensayado, excepto el fracaso. Habían pasado meses estudiando las rutinas de los guardias, habían logrado los planos interiores del edificio y de sus instalaciones, incluso habían incorporado los nuevos tabiques midiendo subrepticiamente con láseres de pequeño tamaño. Averiguaron qué empresa había diseñado el sistema de alarma y se colaron en su sistema informático para analizar sus componentes. Colocaron a una de las suyas en el servicio de limpieza y luego coreografiaron cada movimiento en una maqueta a escala real de la zona en la que realizarían el robo. Solo una sala, cuatro cuadros de formato mediano y una jubilación dorada en la Costa Azul. O en el Cabo de Gata, lo que cada uno prefiriera. El día del robo repasaron por la mañana todos los pasos a dar y se citaron para la noche. Llenaron el tiempo con las rutinas de concentración de cada uno. Dos de ellos practicaron meditación, una tercera estuvo jugando a la consola y el cuarto dedicó la tarde a escuchar jazz clásico...

La torre corporativa

Kogi Kabuto nunca había imaginado que llegaría a estar en la sala del consejo de administración de la Kangi Corporation, en la planta 98 de la novísima Torre Kangi; la que el venerable Iwao Kangi, el tercero de su nombre al frente de la compañía, denominó “el faro que iluminará a todos nuestros empleados alrededor del mundo”. Kabuto, un simple contable, había llegado a aquella sala de la mano de un antiguo compañero de facultad, mucho más afortunado que él, que había escalado hasta vicepresidente de finanzas. Descubrió algo extraño en las facturas de la constructora, ligeras desviaciones entre lo reseñado en los conceptos y la realidad que se podía ver en la torre. La voz apenas le acompañó durante su breve intervención. Y le abandonó completamente cuando el consejero delegado comenzó a mostrar las auditorías de calidad externas del edificio, todas positivas, todas ensalzando la gran obra de la Kangi. Kabuto sintió como las miradas de todos los consejeros laceraban su piel y le abrumó...

Nada vale nada

Tener un revólver es mejor que una tarjeta black. Solo se precisa un poco de sangre fría, una voz imperativa y la creencia absoluta en la inmortalidad de quien la poseer. Así he ido dejando cuentas pendientes en todos los locales en los que he estado en los últimos dos meses. Entro, me paseo por la tienda y selecciono aquello que me gusta. Luego voy a la caja y cuando me van a dar el ticket, simplemente saco el arma y digo "cóbrese". A veces, incluso me han dado la recaudación de la caja. Y esto es un engorro, porque me veo en la obligación de explicarles que no quiero nada más allá de lo que necesito en ese momento. El único problema es que cada vez tengo que irme más lejos de casa a hacer la compra.