Excavar es una vocación mucho más intensa que la de ser arqueólogo. Decía mi madre que para tenerme entretenido en la playa lo mejor era darme un cubo y una pala. Aunque a veces tenía efectos no deseados, ya que a la compulsión por excavar se unían la de amontonar lo que encontraba entre la arena, principalmente plásticos y colilllas, y la de llevármelo todo a la boca. Con el tiempo, la manía se fue refinando. Ya no excavaba a lo loco, sino que lo hacía en las inmediaciones de lugares con más posibilidades; es decir, allí donde había gente en actitud de búsqueda, o bien donde previamente habían estado otros niños con sus juguetes. Luego descubrí que había una profesión en la que excavar formaba parte de la ecuación, y decidí cursar los estudios correspondientes para poder dedicarme a mi verdadera pasión. La búsqueda de fósiles es el trabajo más gratificante que cualquiera podría imaginar. Te obliga a ir muy despacio, a revisar toda la tierra eliminada, a concentrarte en la esencia de l...