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Mostrando las entradas etiquetadas como libros. relato

El envés

Mario era el hombre con más suerte del mundo. Era capaz de acertar una lotería primitiva cada tres o cuatro años. Era capaz de hacer saltar la banca de un casino jugando a la ruleta y ganando tres de cada cinco tiradas. Pero tanta suerte no mermaba su desgracia. Su madre dijo una vez que aquel hijo era el centro del sistema solar, y que la suerte era su compañera de juegos. En los últimos tiempos él solía añadir que además de compañera, la suerte era una amante celosa. El envés de tanta fortuna, de tanto dinero, de tanto lujo gratuito a su alrededor era la soledad. Y no porque fuera poco sociable, o porque rehuyera a los demás. Simplemente, su buena suerte se debía a la desgracia del resto. El infortunio se apoderaba de cualquiera que se le acercara, ya fuera por interés o por amor. Y, por amor, decidió huir del amor. Por eso, esta noche, mientras la mujer del vestido rojo a lo estrella de cine le despluma, Mario es verdaderamente feliz por primera vez en mucho tiempo.

La otra boda

Estaban nerviosos. Se miraban tímidamente, como la primera vez que cruzaron sus ojos, y ambos se sentían culpables de tener miedo. Su decisión era firme: se amaban, querían compartir sus vidas, incluso pensaban tener hijos algún día. Mientras oían las palabras del oficiante, una oleada de miedo les invadía, rebosando la inseguridad a través del temblor de las manos de ella o del ligero tic nervioso en los párpados de él. El notario les pasó la escritura para su firma, primero a ella. Tuvo que buscar el valor nuevamente en los ojos de él: treinta años y euribor más 0,5.

La base de nuestra sociedad

Antes de él, sólo unos pocos tenían acceso al conocimiento, pero para lograrlo debían encerrarse en las bibliotecas de oscuros cenobios. Luego aparecieron centros especializados, pero no todo el mundo podía entrar en ellos. Afortunadamente, él vino al mundo hace dos siglos y todo cambió. La gente podía llegar a cualquier secreto del saber, por recóndito que fuera. Al principio hubo otros como él pero finalmente los demás desaparecieron o, en el mejor de los casos, simplemente fueron olvidados. Ya casi nadie vive al margen de su sombra. Uno queda con sus amigos gracias a él, los matrimonios se conocen gracias a él y legalmente nadie es persona hasta que se apunta en él. Google es la base de nuestra sociedad.

La maleta viajera

Decenas de personas pasan por su lado cada día. Hoy está en Almería, pero hace un mes estaba en Barcelona, y antes pasó por Madrid. Hace como 90 años estaba en La Habana. Y, antes, permaneció en una tienda asturiana más de cinco años esperando que un viajero improbable la comprara. Su vocación era la de ir con  artistas, turistas o, en el peor de los casos, con algún hombre de negocios. Sin embargo, terminó en manos de un hombre sin nombre que marchó a hacer las américas cargado con los sueños de todos los suyos. En Cuba apenas salió de La Habana, tan sólo una vez, para un viaje ocasional en el que por primera vez montó en automóvil. Allí permaneció 10 años. Regresó en un camarote de primera, acompañada de maletas lujosas. El retorno fue definitivo, ya nunca volvió a salir y quedó amontonada en el desván de una casa de indianos hasta que alguien se dio cuenta de que podía servir para contar una historia que era a la vez la historia de muchos. Desde ese día viaja por toda España, enseñá...

La vida triste

Se había leído todo lo de Isabel Allende y había construido para sí una imagen del mundo muy especial, una mezcla de magia, amor y amor mágico a partes iguales. Sin embargo, dado que nunca le pasaba nada parecido a lo que leía en las novelas, concluyó que el mundo no era lo suficientemente romántico para mujeres como ella o Allende. De esa idea finalmente nació una obsesión, consistente en querer conocer a la escritora, contarle su vida y que ésta la novelara, aderezándola con sus selvas y sus magias. Cada año acudía, por tanto, como si de una peregrinación se tratara, a la feria del libro con el ejemplar editado para la ocasión, en busca de la firma de la autora y de una oportunidad para contarle su vida. Una oportunidad que nunca encontró, pero que logró, a fuerza de repetirse la escena cada año, que la escritora recabase en ella y que, finalmente, en 2006 terminara por recordar su nombre paa la dedicatoria. Apenas hizo falta nada más, ni siquiera que hablaran como dos viejas amigas...

La tormenta en la ciudad

En apenas unos minutos, la tormenta que sonaba lejana descarga su carga de agua y electricidad sobre el centro de la ciudad. En una ventana, apenas entreabierta, una mujer sostiene un cigarrillo urgente entre los dedos, y entre calada y calada, protege su dosis de nicotina de la lluvia tapándola con el brazo. Mientras, abajo, en la calle, un hombre lucha por meterse bajo un paraguas minúsculo, claramente insuficiente para sus amplias espaldas. Y, en la esquina, una persona joven, o de constitución fina, envuelta en un chubasquero asexuado, levanta los brazos mirando al cielo, como si esperara algo, ¿un rayo quizás?

La Iglesia futura

El Profeta decía que una hoja en blanco era como una mujer sin útero, que más valía un hombre que supiera escribir los signos sagrados que un hombre dueño de muchas tierras. Él nos enseñó que destruir el conocimiento, aunque éste sea erróneo, es el peor de los pecados, por eso las antiguas bibliotecas se convirtieron en los primeros templos de nuestra Iglesia. El profeta quería que la antigua magia de las palabras fuera revelada al pueblo, por eso fundó las escuelas de las letras, en las que cientos de jóvenes se iniciaron en el sacerdocio de los libros. Hoy, 200 años después de su muerte, nuestra Iglesia es la más extendida, nuestros iniciados conocen los secretos de las medicinas, de la electricidad y de la propia historia, esa peligrosa disciplina que tanto mal hizo a la humanidad. Nuestros templos son poderosos y muchos hombres acaudalados se han sumado a nuestras filas para lograr tener acceso a nuestros conocimientos, haciéndonos aún más poderosos. ¡Loados sean los libros antiguo...