24 junio 2015

La agenda

Había sido sábado por la noche y su agenda marcaba follar. Poco importaba que Vero le hubiera dejado. Durante años, el ritmo de su vida era el que señalaba la agenda semanal. Y le había ido bien, excepto por lo de Vero. Salió de caza como antaño, siendo muy permisivo con los requerimientos previos, aunque al final tuvo que recurrir al pago para disfrutar de un rápido alivio manual en el servicio del pub.
La noche del sábado había pasado, y había cumplido la programación. El domingo tocaba fútbol con los amigos, paella en casa de los padres y tarde organizando la agenda de la siguiente semana. Entonces buscaría un hueco entre el miércoles y el jueves para olvidar a Verónica.

23 junio 2015

Aprendiendo a volar, de nuevo

Había olvidado volar. Extendía las alas, pero por más que las agitaba sus piernas no se separaban del suelo más allá de un par de segundos. Le mirábamos angustiados intentar levantar el vuelo, pero sus esfuerzos eran imfructuosos. Si no lo lograba significaría que tendría que seguir en cautividad el resto de su vida. Sus cortos revoloteos le acercaron al borde de la terraza y, antes de que ninguno de nosotros pudiera evitarlo, se precipitó hacia el suelo. Pensé que le perdíamos, pero justo cuando alcanzamos a asomarnos, le vimos remontar planeando en el aire y alejarse de nuestro terrado saludando con la mano. Quise recordarle que un ángel debería honrar sus promesas, pero preferí no hacerlo: nunca se sabe cuándo un ángel de la guarda puede ser útil de verdad. 

18 junio 2015

Aptitud

Notaba un peso distinto en el bolso mientras caminaba por la atestada calle en su primer día de parada. Conocía casi de memoria todo el ceremonial de tanto que se lo habían contado amigos y conocidos que habían pasado por el mismo trance en los meses anteriores. Primero la cola, luego el currículum y, por último, la parte de las aptitudes, en línea con las últimas tendencias del coaching.
Con la pistola apuntando a la sien de la funcionaria, le dijo muy tranquila: “tome nota de mis aptitudes: tengo capacidad de mando, sé hacerme escuchar y, si acaso, ando corta de paciencia”.

27 mayo 2015

La actuación

Como cada noche, apuró el vaso de bourbon y salió al escenario. Como cada noche, el teatro estaba lleno, aunque los focos le impedían tomar conciencia de ello. Se acercó al taburete, y puso el micro a la altura de su boca.
Y lloró. Lloró cuando todos esperaban un monólogo humorístico. Al principio, algunos rieron, posiblemente por inercia o por el propio desconcierto. Pero a los pocos segundos, de la sala de butacas no salía ningún ruido y sus sollozos pudieron llenar el silencio.
Así estuvo cinco largos minutos, y cuando por fin pudo contenerse, una ovación clamorosa comenzó a tomar forma desde la última fila de la platea.

18 mayo 2015

El porqué de este microsilencio

En los últimos días, querida-o lectora, habrás notado la ausencia de actividad en esta bitácora. La razón de este microsilencio hay que buscarla en el interés mostrado por una pequeña editorial (una microeditorial) en hacer una edición en papel de estos microrrelatos. Ello ha provocado que me haya centrado en releer todos los cuentos, corrigiendo erratas, faltas de horrografía y hasta finales para dar forma a una selección de trescientos veinte, los cuales formarán el microlibro.
Iré informando por aquí los avances en este proyecto. De momento solo faltan el microprólogo y el microepílogo, pedidos a dos queridos amigos que seguro harán del libro algo mucho mejor.

20 abril 2015

La vecindad de la muerte

Desde muy temprano Adelina había vivido muy cerca a la muerte. Ya incluso antes de nacer. Su hermana gemela, que se hubiera llamado Gabriela, murió pocas horas antes del parto. Aquello provocó que la madre de Adelina sufriera mucho durante el alumbra,miento y que, tras una semana de agonía, terminará caminando de la mano de la Parca. Durante su infancia desaparecieron sus abuelos, y en la guerra cayeron, repartidos entre ambos frentes su padre y todos sus hermanos varones. También perdió Adelina a un novio piloto de guerra, que sobrevivió a la contienda, y que le prometía un futuro regalado trabajando para una aerolínea comercial. Muchos de sus muertos sufrieron largas esperas en cama, a otros la vida se les escapó de improviso, en una apertura del corazón o en una bala. Pero en todos los casos Adelina creyó ver a la muerte viniendo a darle el pésame. Y era su rostro de arrepentimiento el que le ayudaba a perdonarle las enormes pérdidas que esta le provocaba. Adelina tuvo que sobrevivir a su marido, a dos de sus hijos y a un nieto que se perdió con las drogas. Por eso, cuando la muerte vino a por ella una noche reposada de verano, le sorprendió mucho que le tendiera la mano en lugar de simplemente decirle lo siento.

17 abril 2015

El castillo

Desde hace días es su único entretenimiento. Las horas de permanencia en la celda se van en dormir y edificar con la baraja incompleta torres de naipes. Ha ensayado diferentes fórmulas de montaje, pero todas terminan vencidas por el peso, por las corrientes o por el temblor incipiente de sus manos. Y cada vez que ve caer el castillo no puede evitar en pensar que esa débil estructura que se desmorona no es más que una metáfora de su propia vida: un día saliendo en los informativos como hombre de Estado, casi un héroe, y 6 años después saliendo en los informativos esposado y camino de la cárcel.
Solo el preso con el que comparte celda parece haberse dado cuenta. En más de una ocasión le ha visto escrutar su rostro mientras los naipes caen. Por eso es él quién rompe la magia de la metáfora perfecta: "los castillos de naipes se pueden volver a edificar, pero con las vidas eso es práctica,ente imposible".

14 abril 2015

Un puñal en la mirada

Sara tiene una mirada quirúrgica. De esas que te desnudan el alma al primer vistazo, de esas que te amilanan y no dejan duda alguna de su superioridad. No puedo decir, por tanto, que esto me pillara por sorpresa. Lo sabía y hasta lo esperaba.
Pero sus poderes van más allá. Sara no necesita de palabras para regañar. Te apunta con esos ojos que son como estiletes y sientes el frío acero en la nuca, clavándose entre dos vértebras y desgarrándote la posibilidad de andar. La amo. La amaré. Pero no puedo seguir viviendo con alguien que tiene un puñal en la mirada siempre a punto de desenvainar.

09 abril 2015

Apariencias

Quizá el hombre de la sonrisa falsa solo fuera parte del atrezzo de aquel momento de su vida. Pero a ella le dio por pensar que era cuestión del destino y que la sonrisa no era falsa en realidad, sino que simplemente se lo parecía.
Pero el hombre ni siquiera la estaba mirando. Él ensayaba la sonrisa que le pondría a su mujer al llegar a casa supuestamente del trabajo. Realmente volvía de la oficina de empleo, como durante las últimas tres semanas. Allí hablaba, o lo intentaba, con una funcionaria poco profesional y muy poco interesada en los problemas de los parados.
Y tenía razón, porque la funcionaria llevaba un mes muy preocupada por un tumor detectado en su seno izquierdo, y no se podía quitar de la cabeza a su madre, que murió de un cáncer de pecho cuando ella aún era una adolescente. Aquello le marcó profundamente y no quería que su hija en plena fase rebelde reviviera aquel episodio y pudiera terminar de perderse.
Pero su hija no era rebelde, solo aparentaba serlo, porque en realidad ella quería parecer mayor. Se había enamorado de un chico mayor y ella simplemente quería que la mirase.


07 abril 2015

Un pensamiento, un miedo

Quiso besarla, pero un miedo extraño se cruzó en sus pensamientos y amagó el movimiento de los labios. Luego, la noche les volvió extraños.

Se enfría la cena

El plato quedó sobre la mesa, consumiendo el calor que le había cedido el fogón. La cuchara hacía de puente entre la blanca superficie del mantel y el líquido del que emergían algunas patatas y un trozo de bacalao amarillento. A su lado, una rebanada de pan comenzaba a endurecerse y un vaso lleno de agua deformaba la pobre luz intermitente que lo atravesaba viniendo desde la ventana.
Los padres, sentados cada uno a un lado de la mesa eran parte del bodegón, inmóviles, con el miedo asomando a la boca a cada segundo y reprimiéndolo por no preocupar al otro.
La niña no llegaba, y pasaba ya media hora. En la televisión llevaban varios días hablando del crimen de Alcasser y ellos, fieles seguidores de los programas de la tarde, temían verse entrevistados por Antenatrés para el magazine de la sobremesa. La niña se retrasaba y casi nunca lo hacía. Lo extraordinario del retraso un día de diario, el que más tarde terminaban las clases, solo acrecentaba el silencio del miedo.
De pronto, la llave hizo girar la cerradura y el bodegón cobró vida al instante. Y el miedo retrocedió para esperar agazapado en un rincón de la cocina la llegada del fin de semana.

04 abril 2015

Un vaso de arena

El calor sofocante no era lo peor. Ni siquiera las quemaduras de andar descalzo sobre la arena ardiendo. Lo peor era la sensación de sentirse traicionado. Las horas o días que llevaba muerto para el resto del mundo le dieron para pensar en los motivos: el ser humano necesita explicaciones para entender la realidad. Pasaron por su cabeza la envidia, los celos, el dinero e, incluso, un oscuro azar. Algo tenía que explicar la imagen de Jesus apuntándole con el fusil.
Cuando los suyos se retiraron tuvo la suerte de quedar cubierto de muertos y escombros y sólo perdió las botas en la rapiña de los asaltantes. Ahora vagaba huyendo de los ruidos del frente sin conocer si estaba en territorio amigo o enemigo, herido, sediento, y unido a la vida por una esperanza: la de obligar al traidor a beber un vaso de arena justo antes de abrirle un agujero en la cabeza.

31 marzo 2015

Casi un milagro


Parece que está buscando a alguien. Se le nota apurado, casi desesperado. Grita un nombre: puede ser Quique, o Enrique. Se va abriendo paso entre la gente para acercarse a la calzada. Lo cierto es que acabamos de pasar al lado de un niño pequeño que estaba llorando. Algunos de los penitentes se han sorprendido por su emoción cofrade: ¡tanto sentimiento en un crío tan pequeño!
Alguien debería decirle que su niño está ahí, a apenas 15 metros, y que son las palmas las que no le dejan verlo. Si no fuera porque le he perdido el gusto a eso de los milagros, ahora mismo me bajaba de la burra y le gritaba al padre dónde está su Quique.

parroquiavilavella.es

26 marzo 2015

La velocidad de las musarañas

Dos pasos por detrás, absorto con el pelo arremolinado por el viento, entretenido con la visión aleatoria de su cuello y el moreno nacimiento del pelo. Ella ha bajado del autobús en la misma parada que yo. Al pasar a su lado me ha dejado un suave perfume que se le ha clavado en las profundidades de mi nariz. No me ha dado tiempo a ver su cara,  pero el azar ha querido que llevemos el mismo camino. Quiero pensar que se mueve con la elegancia sensual de una pantera y me la imagino volviendo la cara y buscando cruzarme la mirada. Entonces ella se gira y juraría que sus ojos se han detenido en mí una décima de segundo. Ella sonríe con una delicada hilera de perlas. Pongo mi cara de Gary Cooper y espero paciente que ella inicie la conversación que indudablemente la enamorará para siempre. Pero esa sonrisa no es para mí. Otro se interpone entre esas perlas y mi boca. Y es otro el que la besa delicadamente en el cuello. No borro la cara de Gary y lanzo un saludo a un lugar indeterminado más allá de los amantes.



Maldigo su suerte y comienzo a pensar en los momentos que ya no compartiremos. Todas mis historias de amor transcurren a la velocidad de las musarañas.

25 marzo 2015

Un lugar a la sombra del mundo


Una jaula de Faraday para las emociones. Un lugar sin cobertura para la desesperanza o la ira. Un cobijo para recuerdos sin dolor, un rincón del planeta a salvo del mundo, un espacio alejado de anhelos y sueños. Bajo la vieja escalera de madera, la que comunicaba el recibidor de la abuela con el mundo de los olores antiguos, había un lugar así.

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