05 marzo 2015

Un alma colador

Dejó que sus recuerdos se fueran derramando por los agujeros que el miedo le había provocado en el alma.

03 marzo 2015

Primero el título

Aquel juego comenzó cuando estaba en primero de BUP. El profesor de literatura, un tipo demasiado brillante e inquieto como para permanecer demasiado tiempo en un colegio de curas tristes, les animaba a romper con la rigidez de las redacciones escolares y a buscar en su imaginación historias que salieran de sus entrañas. Y, para convencerles de tan arriesgado experimento, les entrenaba con juegos y entretenimientos. Su preferido, primero el título: un compañero inventaba el título del cuento (aunque no tuviera sentido) y todos se ponían a la labor de armar una narración que hiciera honor a dicho comienzo.
Durante años siguió jugando solo. Y antes de comenzar a escribir su primera novela estuvo meses intentando encontrar un título sugerente, pero solo se le ocurrió "Primero el título". Por eso estaba seguro de que la novela sería un fracaso.

Un baile, una vida

Bailaron hasta que los músicos, exhaustos, dejaron de tocar, hasta que las demás parejas sólo fueron un recuerdo sobre la pista de baile, hasta que se quedaron completamente solos. Bailaron hasta que él le preguntó si se había divertido y ella ya no pudo responder que sí.

13 febrero 2015

El carnicero

Cortaba la carne en finísimos filetes. La mano experta guiaba un cuchillo afilado con esmero. Y los desperdicios y recortes los iba dejando caer en un gran cubo negro.
El carnicero recordaba siempre en aquellas ocasiones la primera vez que hizo un sacrificio con despiece completo: el miedo en los ojos de la criatura, los últimos intentos por zafarse del cuchillo y el olor cálido de la muerte fresca. Luego, el arduo trabajo de separar las piezas, de cortar certeramente huesos y tendones, de extraer de cada pieza su mejor corte: filetes, dados o tiras. Horas y horas de laborioso trabajo hasta convertir un cuerpo humano en un selecto mostrador gourmet.

Antes de descubrir el fuego

La última nave partió dejando tras de sí una estela de fuego. Los que quedamos, los que no pudimos comprar un nuevo destino, la vimos alejarse. Por muy duro que fuera su destino, ellos al menos lucharían por un futuro. Los de aquí ya no lo teníamos y por eso dejamos de luchar. Poco a poco se fueron apagando las emisoras de televisión, los hospitales y, finalmente, las propias centrales eléctricas. Y una humanidad estéril y rendida volvió a pasar hambre, frío y miedo. Justo como antes de descubrir el fuego.

29 diciembre 2014

Autismo voluntario

Cerró los oídos, los ojos, la boca, todos sus sentidos. Pero aún así seguía percibiendo su presencia, turbando su silencio sensorial, rompiendo la paz que tanto anhelaba. En medio de aquella nada irreal y asfixiante encontró un pensamiento rebelde. ¿Y si en lugar de encerrarse al mundo no le abría todas las puertas?
Tal vez el ruido de la vida, el olor de la ciudad y el sabor de la gente le permitieran desprenderse de aquella presencia residual.

22 diciembre 2014

El humo del negociador

Le daba rabia reconocerlo, pero aún añoraba el humo protector del tabaco. Sobre todo cuando tenía que negociar: le faltaba algo con lo que entretener los dedos y alargar las pausas. No era la nicotina, sino lo que el cigarrillo tenía de liturgia en los momentos clave, la carga dramática que el humo incorporaba a cada decisión. Ahora no había más que un centro de mesa entre ellos y los otros, apenas 1 metro y varios millones. Ahora ya no podía dar una intensa calada, expulsar el aires y decir desde detrás de la nube, sin delatar una sonrisa, "pensaremos en  su oferta".

11 diciembre 2014

Una última toma

Primera escena: un primer plano de su rostro, con la tensión reflejada en el maxilar. Abre plano y se ve cómo el coche que pilota va ganando velocidad. La cámara avanza unos segundos con el coche y luego pasa a enfocarlo por detrás. Su mente de director imagina el final de una película. Cambio de plano: el coche va ahora hacia la cámara. Entre ellos un quitamiedos y un precipicio. El enfoque se olvida del coche y nos muestra las piedras puntiagudas del fondo. Plano lateral: el coche atraviesa el quitamiedos a cámara lenta. Zoom sobre la cara de nuevo. Ahora ya no hay tensión, pero se ve claramente el abultamiento en la cabeza: el espectador debe entender el desenlace. Se abre plano y el coche cae a velocidad normal sobre las rocas. No hay explosión, esto es la realidad. Fundido a negro.

16 noviembre 2014

El paseíllo

Los periodistas se arremolinaban a la puerta, pugnando por situar sus micrófonos, grabadoras y móviles en un buen lugar. Los cámaras se empujaban por obtener un buen encuadre del portal y en la acera de enfrente, un grupo de personas se preparaba para regalarle una andanada de insultos. Posiblemente fuera eso lo que más le jodía. Al hijo del calvo de la pancarta lo había colocado de barrendero; a la prima de la Santi le había arreglado los papeles de la ampliación de la casa. Y al cabrón de Cristobal le había contratado en varias ocasiones para reparaciones en el pueblo.
Lo peor siempre es la ingratitud, le dijo el alcalde saliente cuando le cedía el bastón de mando, pero nunca lo había vuelto a recordar hasta este día. Porque, hasta ese momento, todos parecían agradecidos. Y acto seguido se le pasó por la cabeza echarle la culpa al viejo de los desmanes, una especie de inercia institucional que él no había podido o sabido frenar. En el fondo, no era del todo mentira eso de la inercia.
Llamaron a la puerta y supo que en unos segundos pasaría a formar parte de la ignominia nacional, que sería arrastrado por el barro en los medios de comunicación y que hasta en su partido le negarían tres veces antes de la puesta del sol. Hacía días que era un cadáver y él no quiso darse cuenta. Para los suyos ya no era su hijoputa, sino un hijoputa muerto al que había que enterrar cuanto antes. 

11 noviembre 2014

Un sueño sobre las nubes

Un avión con el suelo transparente. Eso parecía. Aunque en realidad no era más que una pantalla a los pies de los viajeros que reflejaba una imagen construida con las tomas de varias cámaras alojadas en la panza de la aeronave. Lo cierto es que finalmente estaba viviendo su sueño. La impresión era la de estar volando realmente sobre la tierra, aunque el efecto solo era realmente impactante si te sentabas en el pasillo.
Sabía que apenas tocaran tierra el sueño se desvanecería y pasarían a negociar con alguna compañía. Una o varias negociaciones que serían agónicas y que podrían terminar con un carpetazo al asunto o con versiones operativas de la idea en muchos aviones. Pero eso ya no era divertido, eso ya no era parte de la aventura. Así que se preparó a vivir el mejor aterrizaje de su vida antes de ponerse a jugar a los dados con el resto de ella.

10 noviembre 2014

Un año en la orilla

Bajó hasta la playa, exactamente igual que los 364 días anteriores. Dejó el albornoz en la orilla y se lanzó a nadar en las frías aguas del Mediterráneo occidental. Las pavanas aprovechaban el viento para planear sobre ella, prácticamente clavadas en el cielo. Llegó a la boya y regresó, ya casi sin esfuerzo a base de las repeticiones. Antes de volver a casa, como todos los días de el último año, escribió con el pié el nombre de su hijo y esperó a que las olas lo borraran, igual que aquel otro 10 de noviembre en el que borraron su nombre y su existencia.

08 noviembre 2014

Atardecer en Mónsul

Caía la tarde en la cala de Mónsul. El sol pintaba de rojo otoñal el horizonte y en la playa apenas quedaban dos o tres grupos de domingueros exprimiendo los últimos días de baño. La brisa ya soplaba fría y apetecía ponerse la camiseta. El momento era perfecto para una declaración de amor. Y él estaba dispuesto.
Entonces de sopetón ella le dijo que lo dejaba, que estaba cansada de no sentir lo que pensaba debía sentir y que seguramente al final él le daría la razón. Luego recogió sus cosas y se marchó: alguien la recogería.
Caía el sol sobre un corazón otoñal que, en el fondo, sentía un profundo alivio.

Alago de la brevedad

Apenas había empezado a excitarse cuando sintió sobre su vientre la cálida señal del fin. Él balbuceó una disculpa y ocultó su cara en la almohada: "No te preocupes cariño, a veces pasa". El hombre se vistió a toda prisa, mientras ella le invitaba a quedarse, a volver a intentarlo. "No me humilles más", dijo para frenarla. 
El hombre abandonó la casa a toda prisa dando un portazo de rabia. Y ella se quedó sola, de nuevo pensando en Brad Pitt con sus manos.

07 noviembre 2014

Un poniente travieso

El poniente travieso levantó su falda y unos ojos casuales se cruzaron con la imagen. Ella, azorada, pugnaba por sujetar la falda alpinista y evitar que se le cayeran unos paquetes. Finalmente logró controlar el vuelo pegándose contra una fachada. El dueño de los ojos casuales pensó que no debía dejar a la casualidad un nuevo encuentro y se acercó solícito para ayudarla con las cajas. Ella aceptó la oferta, aunque solo mientras convertía la falda en unos pantalones con un imperdible. Luego se fue,  con el poniente aún empeñado en jugar con ella. Los ojos la siguieron un trecho y luego se emplearon a la ardua tarea de intentar olvidarla.