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Mostrando las entradas etiquetadas como emigrantes

Avaricia

Sólo recuerdo algunas briznas, apenas unos jirones de realidad, que poco a poco se me van borrando por culpa de la enfermedad. Debía ser en torno a 1949 o 1950. La mayoría de los jóvenes del pueblo habían emigrado a L'ospitalet y en las calles apenas se veían niños. Yo estaba pensando en marcharme también, aunque mi objetivo era Argentina, dónde ya tenía a un primo que nos escribía maravillas sobre ese país. Pero antes de irme debía conseguir el dinero para poder pagar el caro y largo viaje. Por aquel entonces yo no tenía nada que vender, tan sólo mi trabajo y mi palabra de hombre. Con ese capital mi única opción era Juan el rico, un viejo usurero que se había hecho rico durante la guerra. No quiso darme el dinero por adelantado, decía que no tenía gente en Argentina, pero que si me iba a Cataluña, la cosa no tendría problema. Sólo una cosa, por tanto, podía yo ofrecerle: una noche con María, mi novia de entonces. Yo no quise aceptar, pero ella me convenció de que era un precio muy...

A Europa se llega de muchas formas

La patera no era una opción: demasiados riesgos. Eso sin contar la travesía del Sahara a pié, o el endeudamiento con las mafias de la emigración. Así que pensó en otras opciones. Lo intentó por avión, pero no pudo ni comprar el billete. Luego, gracias al amigo de un primo, se enroló como marinero en un crucero de bandera panameña que recorría todo el Mediterráneo. Pudo bajar a tierra en Barcelona, pero cuando llegó la hora de zarpar estaba como uno más en su puesto: demasiadas propinas, demasiadas mujeres insatisfechas. Lo del crucero duró hasta que el armador decidió retirar el barco y devolver a sus empleados la libertad de la desocupación. Pero para entonces Saulo tenía suficiente dinero como para viajar a Europa en avión. En lugar de eso, compró un viejo local desvencijado, una antena parabólica, una televisión de pantalla plana y un cartel que rezaba "La otra Europa" . Hoy es el lugar de reunión predilecto de los europeos destinados en las diversas ONG que orbitan por su...

La maleta viajera

Decenas de personas pasan por su lado cada día. Hoy está en Almería, pero hace un mes estaba en Barcelona, y antes pasó por Madrid. Hace como 90 años estaba en La Habana. Y, antes, permaneció en una tienda asturiana más de cinco años esperando que un viajero improbable la comprara. Su vocación era la de ir con  artistas, turistas o, en el peor de los casos, con algún hombre de negocios. Sin embargo, terminó en manos de un hombre sin nombre que marchó a hacer las américas cargado con los sueños de todos los suyos. En Cuba apenas salió de La Habana, tan sólo una vez, para un viaje ocasional en el que por primera vez montó en automóvil. Allí permaneció 10 años. Regresó en un camarote de primera, acompañada de maletas lujosas. El retorno fue definitivo, ya nunca volvió a salir y quedó amontonada en el desván de una casa de indianos hasta que alguien se dio cuenta de que podía servir para contar una historia que era a la vez la historia de muchos. Desde ese día viaja por toda España, enseñá...