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Mostrando las entradas etiquetadas como crisis existencial

La mujer de la barra del bar

Mantenía su barbilla apoyada sobre el dorso de sus manos entrecruzadas. Éstas descansaban sobre la propia barra y la mirada la mantenía sumida en algún poro de la taza donde humeaba un café. El humo revocaba en las corrientes secretas de aire que surcaban el local e iba a parar a sus gafas, empañándolas levemente. Era un trozo de mundo estático. A su alrededor todo se movía: las personas, las palabras, las manos, los sentimientos. Pero junto a ella había un campo de ingravidez extraño que ralentizaba el tiempo hasta dejarlo parado. En un extremo de la barra, sola y extraña, finalmente rompió el hechizo y se bebió el café de un solo trago. Luego salió disparada del bar. Junto a la taza marcada por sus labios permaneció un manoseado diario abierto por una página de ofertas de empleo repleta de cruces rojas.

En mitad de un cortafuegos

El pelo ya ni siquiera ralea: se cae. Ves como el tiempo se acelera ante tus ojos y alrededor de ellos. Cada mañana ante el espejo asistes a un ejercicio de autoflagelación visual: aumentan la papada, las bolsas bajo los ojos, la tripa y la desesperación de saberse cada día un poco más viejo. Entonces entra la prisa. Hay que hacer todo aquello que se quiere hacer, y hacerlo cuanto antes, y porque es mejor hacerlo con pelo que sin él. Evidentemente, éste no es el mejor argumento, por eso todo se termina torciendo. Cambias de coche, de mujer, de aficiones y comienzas a correr. Porque correr es barato, lo puede hacer cualquiera y no necesita un horario específico. Así te sientes más joven. Lo que nadie te cuenta, lo que ni siquiera imaginas, es que terminarás a la mitad de un cortafuegos en el Calar Alto escarpado de 3 kilómetros, hundido, sin un gramo de fuerza ni de autoestima, esperando que una ambulancia todoterreno te saque de allí, o que un milagro en forma de bebida isotónica te d...