Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como muerte anunciada

Dormir es solo un ensayo

Para ella, dormir era un ensayo de la muerte. Cada noche se ponía su camisón recién planchado y se situaba en el centro exacto de la cama. En verano solo se dejaba caer sobre la sábana, porque "el calor estropea antes la carne y no hay que darle facilidades". Y en invierno preparaba la cobija de tal forma que parecía estar encajada en un ataúd de tela. Disfrutaba de una gran facilidad para dormirse y la profundidad de su sueño favorecía la similitud, apenas se movía y la respiración era tan leve como silenciosa. Su familia siempre se lo tomó a broma: una manía más de la vieja. Algo que contar en las reuniones familiares para reírse todos juntos; un hecho diferencial de la mamá, de la abuela. Una parte de su biografía que se contaba con tono divertido y que nadie parecía entender del todo. La noche que se empeñó en acostarse con el vestido de domingo y los zapatos, su hija Marcela, con la que vivía desde hacía 10 años, se preocupó por su salud mental, pero no porque los ensa...

Los fantasmas no tienen voz

El aviso llegó sin noticia previa. Vas a morir. El papel barato y algo arrugado, la tipografía elegida y lo directo del mensaje no le dejaron lugar a la duda. En algún zulo cercano, un arma estaba ya seleccionada para terminar con su vida. Él tampoco avisó: una tarde de asamblea entró en su sede y comenzó a gritarles. Les dijo lo que pensaba de ellos y ofreció su pecho por si algún valiente lo prefería a su nuca. Quería verles las caras, enfrentarse a sus verdugos, o a los que defendían a los verdugos; que sintieran sus manos manchadas con su sangre antes de que ocurriera. Apenas unos pocos le sostuvieron la mirada y solo uno de ellos se atrevió a interrumpirle: "tú ya estás muerto, es como si no estuvieras delante. No te escucho porque los fantasmas no tienen voz". "¿Que no tienen voz? Pues acuérdate de ello cuando te grite desde la tumba". 

Un pensamiento divino

He sido muchos, he sido uno. He sido uno y tres al mismo tiempo. He existido antes del tiempo, he dictado libros, he dictado sentencias; he castigado y he perdonado. Me han adorado los hombres bajo muy diversos nombres, y yo les he ignorado o les he ayudado, según mi capricho. He sido el creador de todo lo que vive y lo que no, y he estado en todas partes. Sin embargo, de unos siglos a esta parte noto que las ropas me van quedando grandes, que ya no puedo estar en todas partes con la misma facilidad que antaño e, incluso, que muchos hombres han dejado de adorarme. Mis poderes, que habían sido infinitos, hoy apenas me dan para sostenerme sobre unas endebles piernas. Yo, que he visto el pasado y el futuro, si no fuera inmortal, creería que me estoy muriendo. taringa.net

Huecos de olvido

A un historiador no debe extrañarle la levedad de la vida. Y, sin embargo, cada vez que se produce un hueco en el entorno, el alma se me queda encallada durante un tiempo en los recuerdos que tal vez compartimos el muerto de turno y yo. Por desgracia, además, los huecos se llenan mucho más despacio de lo que se vacían y apenas me quedan en pie más que una nieta que no está cerca. Todos los que vivieron a mi vera, todos los que alguna vez corrieron a mi lado por la orilla de la playa, siendo niños, han dejado ya de ser. La soledad me rodea y la única salida es el olvido...

Cuando se acabe el mundo

Lo imagino siempre distinto. En realidad imagino sólo un número de posibilidades limitado, pero nunca repito los detalles. En algunas ocasiones es un aumento descontrolado del nivel del agua por culpa del calentamiento global. Eso me lleva a ser uno de los supervivientes, encaramado a las alturas del Teide; o a morir ahogado en una isla que poco a poco se va tragando el mar. Una vez, incluso, me transformé en una especie de holandés errante, perdido en un océano infinito a bordo de un pequeño velero. Otra de las posibilidades que más me atraen es la destrucción acelerada del sol. Este sueño (porque mi imaginación se dispara en los sueños) comienza casi siempre con el anuncio de algún científico en un congreso, o en un artículo en Science al que nadie hace caso. Los finales hasta ahora han sido, la muerte por el exceso de calor, incluso la muerte abrasados en el estallido solar. Pero en alguna ocasión he soñado en un absurdo plan de huída interplanetaria en el que veía desde un ojo de ...

Una sombra en el espejo

En casa no hay espejos, ni siquiera para afeitarme. La gente piensa que la muerte, excepto en el caso de los enfermos y de los ancianos, llega sin avisar, pero no es cierto. A la muerte le gusta conocer previamente a sus víctimas y se pega a ellas durante unos días, acompañándolas a todas partes. A todas. Lo sé desde hace años. De pequeño era incapaz de asociar aquella sombra que acompañaba a algunas personas con la desgracia. De hecho pensaba que todo el mundo la veía como yo. La adolescencia me trajo por fin la iluminación y me di cuenta de que esas sombras aparecían dos o tres días antes de la muerte. La vi junto a Teresa y lo supe. Iba de monitora a un campamento por primera vez y estaba muy ilusionada. Un día antes de la acampada fueron algunos monitores a hacer una inspección del lugar, pero no todos volvieron. Un vuelco del coche lo impidió. Yo les vi partir y me fijé en las dos sombras que entraron con ellos en el coche. Al principio intentaba avisar, buscando alguna manera de ...

Ruido de huesos

El ruído se apretaba a sus sienes y tiraba de su estómago hacia fuera. Los martillazos ya no dolían, el dolor siempre tiene un límite físico. Pero podía ver y escuchar cómo sus huesos crujían y se aplastaban con cada golpe. Hablar hubiera significado el final, posiblemente el final de  todo; por eso seguía callado. Por eso, y porque en la vida, como en las buenas películas, nunca sabes detrás de que segundo va a producirse un giro de guión.

Me pudro

Me pudro. Soy la atracción del Hospital. Los médicos, enfermeros, anestesistas, bedeles, técnicos de mantenimiento y pacientes oncológicos pasan por la puerta de mi habitación de forma incesante. Asoman sus cabezas curiosas y me miran. En sus ojos hay miedo y curiosidad, tal vez curiosidad miedosa, o tal vez miedo curioso. Atisban fugazmente como es esa que se está pudriendo en vida. La mayor parte del tiempo estoy sola. Apenas si entran un par de personas, sólo para controlar los sistemas a los que estoy conectada y para comprobar el avance del problema. Sé que sigo viva porque siguen viniendo. Apenas tengo sensaciones de mi propio cuerpo, imagino que mis piernas ya no existen, posiblemente tampoco mis manos. Un cosquilleo sordo es cuanto percibo y, de noche, cuando el hospital se ahoga en el silencio, me parece oír el bullir de las bacterias que se están comiendo mi carne. Me pudro, antes de estar muerta. Sabiendo que estoy muerta.

El último comienzo

Le he visto soltar una lágrima. Y no ha hecho falta que me dijera el diagnóstico. Desde que miró por segunda vez la imagen en el panel de luz lo supo. Y luego lo supe yo, al verlo reflejado en la gota de sal que resbalaba hacia el suelo. No me decía te estás muriendo, me decía adiós. No entendí el plazo, daba igual, era corto. Ahora estoy aquí sentado, ante la primera página de esa novela que he comenzado a escribir cada año. Aunque hoy no es como las otras veces. Esta es la última vez que comienzo: "Le vio soltar una lágrima."