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Mostrando las entradas etiquetadas como perros

El otro animal

Duque gruñía a su rival mirándole fijamente. No solía ladrar, normalmente aquel sonido gutural bastaba para hacer saber al otro animal que su ataque sería demoledor. Se lanzó al cuello sin previo aviso. El otro animal sudaba profusamente, y respondió al ataque con un respingo. Los hombres gritaban azuzando a los canes y cruzando apuestas unos con otros. Duque había lanzado el primer ataque, pero su enemigo había evitado la dentellada. Al caer sintió cierta debilidad en la pata herida. Apenas se entretuvo en el dolor, fue menos de un segundo. Pero suficiente para el otro perro, que atacó aquella pata que había flaqueado. Duque se supo perdido e intentó escapar del círculo mortal. No pudo, y mientras su vida se escapaba, el otro animal apretaba los dientes furioso. El público aplaudía al campeón, el nuevo favorito que había vencido al gran Duque. Y, mientras, el otro animal maldecía su suerte y pensaba en cuál de sus otros perros podría compensar las pérdidas causadas.

El mentiroso compulsivo

Arrugado como su perro, así se veía a través del espejo. Ese mentiroso compulsivo que era su otro yo había estado intentando ocultar el paso del tiempo. Pero el acartonamiento de la piel, la caída de los pliegues y las bolsas bajos los ojos ya no se podían cincelar con las escusas de siempre: falta de sueño, cansancio ocasional o demasiadas juergas. Sobre todo porque hacía tiempo que ya no había juergas, ni trabajo ni razones para no dormir. Una vez más, retiró el rostro de ese maldito chivato y le preguntó a su otro yo, que le dijo que estuviera tranquilo, que eso apenas eran unas arrugas de expresión. Él, como siempre, le creyó. Y salió a pasear el perro como todas las mañanas desde que se jubiló.