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Mostrando las entradas etiquetadas como Tecnología

Empatía artificial

«Posiblemente se trate de la actualización del antivirus. En ocasiones, si hay un corte de electricidad o algún enganche en las actualizaciones previas, el ordenador se queda en una especie de limbo en el que el servidor le capa la conexión al no localizar la versión adecuada del antivirus. Nos lo llevamos y hacemos las actualizaciones pendientes por nuestra red de carga, que es libre, y en un rato lo tienes de nuevo en la mesa». Eso me había dicho Alfonso, el informático que atendió mi petición. Mi veterano ordenador había decidido desconectarse de la red corporativa tras la vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Pero de eso habían pasado ya más de tres horas y casi se había colado la mitad de la jornada laboral. Ya no me quedaba nada por hacer que no precisara de ordenador y conexión. Así que tuve que regresar a casa y terminar el día teletrabajando con el portátil corporativo, mucho más lento y mucho mucho más incómodo.  El martes me llevé el portátil a la oficina, por si la ...

La reveladora

La vida es eso que pasa en las fotos de los demás, mientras que tú vas de la casa al minilab, del minilab al banco, y del banco al minilab y a la casa. Así pensaba Alicia antes, durante la mayor parte de su vida, una vida en la que solo contaban como tal algunos fines de semana y algunas vacaciones de recién casados. Ni siquiera sus tres maternidades las recordaba con cariño, ya que llenaron de más rutinas su día a día y dejaron menos espacios para el resto de cosas, para la vida. Además, los tres habían salido clavados a su padre. A pesar de que había aprendido en la escuela que los hijos portan la mitad de los genes de cada uno de los progenitores, en el caso de sus niños parecía que la genética de Antón se había apoderado de todo el espacio. Ahora que tenía tiempo para pensar elucubraba teorías de todo tipo para cualquier aspecto de la realidad. Así, sus hijos en realidad serían clones de su marido, sus espermatozoides habrían colonizado el núcleo de sus óvulos de forma que el...

Adiós, amiga

La niña había dejado sobre la mesa la tableta. Su padre no había podido rescatarla del silencio oscuro en que se había sumido. La sensación de vacío que sentía era demoledora, mucho más profunda que la sufrida cuando su amiga Lali tuvo que mudarse y ya no pudo verla cada día en el colegio. Laura no podía recordar un momento más triste que este. "Papá, ¿se ha muerto mi tablet ?" "Me temo que sí, cariño." "¿Y hay un cielo para las tabletas?" El padre, sorprendido, guardó unos segundos silencio estrujándose las neuronas para ofrecer una respuesta a la altura de su hija: "No lo sé, pero si lo hay, seguro que la tuya estará allí. Y se lo pasará genial con las otras tablets, poniendo videos de YouTube y leyendo libros interactivos todo el rato". Paula esbozó una sonrisa, volvió a coger el aparato y le dio un beso a la pantalla. "Espero que te diviertas mucho. Gracias por haber sido mi amiga".

Internet del año del catapún

La cola para las entradas del museo no era muy grande, tal vez por tratarse de un día de diario o por estar la ciudad ahogada en medio de una histórica ola de calor. Sin, embargo tampoco se movía demasiado, ya que sólo una máquina expendedora contaba con auxiliar humano aquella mañana. Ellas estaban dos puestos por delante, pero sus conversaciones llegaban claramente a casi todos los visitantes. Se notaba que eran amigas de hacía tiempo. Hablaron de sus viajes comunes, y de sus maridos y novios. Pero en un momento determinado la conversación derivó hacia Internet: – Ésta es que tiene una conexión antediluviana. Si su Juan está conectado, ella tiene que esperar a que termine para poder navegar... – Eso va a ser el ancho de banda, que tenéis que ampliarlo, seguro que es eso –resolvió la tercera en discordia. – Lo que pasa es que tiene un Internet del año del catapún chimpún –sentenció la narradora. – Se lo diré a Juan para que lo mire, porque la verdad que es un fastidio. ¡Luisa, que nos...

Un sueño sobre las nubes

Un avión con el suelo transparente. Eso parecía. Aunque en realidad no era más que una pantalla a los pies de los viajeros que reflejaba una imagen construida con las tomas de varias cámaras alojadas en la panza de la aeronave. Lo cierto es que finalmente estaba viviendo su sueño. La impresión era la de estar volando realmente sobre la tierra, aunque el efecto solo era realmente impactante si te sentabas en el pasillo. Sabía que apenas tocaran tierra el sueño se desvanecería y pasarían a negociar con alguna compañía. Una o varias negociaciones que serían agónicas y que podrían terminar con un carpetazo al asunto o con versiones operativas de la idea en muchos aviones. Pero eso ya no era divertido, eso ya no era parte de la aventura. Así que se preparó a vivir el mejor aterrizaje de su vida antes de ponerse a jugar a los dados con el resto de ella.

El informático que se hizo mayor

Jugando. Su vida ha transcurrido jugando. Cambió el balón y los madelmanes por el ordenador que, a falta de juegos, debió aprender a programarlos. Copiando trozos de código basic para que una A mayúscula disparara misiles en forma de puntos contra amenazadoras emes mayúsculas y minúsculas. El juego se convirtió en profesión y pasó del diseño de letras asesinas al de programas de nóminas y protocolos de redes con la misma naturalidad con la que dejó de correr tras el balón para sentarse tras la mesa de su habitación. Para él su trabajo no era más que una prolongación del juego, hasta que esta mañana, por primera vez en su vida profesional fue llamado al despacho del gerente. Y esta vez no era para un ascenso, o para contrarrestar la oferta de un competidor con un aumento, sino para anunciarle que oficialmente pasará a ser un número más de las listas del paro. En ese momento, justo en ese, supo que se había hecho mayor, porque quiso haber vuelto a la infancia y haberse ded...

Quise ser Gaia

De joven yo veía los programas de Punset. Recuerdo con especial fuerza uno dedicado a las transformaciones de nuestro cuerpo merced a la tecnología y a la alteración genética. Según veía las imágenes, venían a mi memoria fragmentos de la película Gattaca o de la novela Los propios dioses , de Asimov. Aquella fue la primera vez que quise ser Gaia. Debió ser en 2010, o 2012 a los sumo; fui consciente de que el futuro del hombre trascendería nuestra propia humanidad y me dio miedo. Una humanidad no carnal, o escasamente carnal, me producía terror. Por eso quise pensar como Lovelock y fundirme en una conciencia planetaria; ser parte de un ser mucho mayor como estrategia para proteger lo que de vida natural había en mi. Quise ser Gaia y pensé en Pandora, el planeta conectado de Avatar . Durante años busqué la forma de fundir mi conciencia con la biosfera terrestre: medité, estudié los lenguajes animales y, finalmente, me topé con la tecnología. Hoy soy inmortal, soy uno con la Tierra, per...

Sígame en Twitter

El hombre lo dijo con ansiedad, se le notaba en la cara que para él esta petición era importante. Desde que esta red social se pusiera de moda a comienzos de la década de 2010 el número de sus registrados no había parado de crecer. Mientras que otras muchas fueron cayendo, Twitter supo reinventarse cada poco años, modificando lo suficiente su forma como para que los cambios parecieran enormes sin apenas variar su esencia. A medida que crecían su fama y número de usuarios, comenzaron también a aparecer nuevas patologías relacionadas con ella o, en realidad, viejas patologías con nuevas manifestaciones. Este hombre era un pobre enfermo, un paria que apenas tenía 200 seguidores, una cifra asombrosamente ridícula. Una cifra de marginado social. – No se empeñe, @Juan, yo soy su psicólogo y sólo podemos hablarnos a través de Skype. Cualquier otro tipo de contacto sería considerado como mala praxis. Además, de lo que se trata es de que usted logre encontrar la forma de entablar contacto con...

La última frontera

Durante milenios hemos vagado por el espacio. No sabemos si en la Tierra sigue habiendo humanos, o si siguen siendo como nosotros. A lo largo de todo este tiempo se han sucedido más de 10.000 generaciones, la nave ha sido reparada centenares de veces y en algunas contadas ocasiones hemos dado lugar a colonias humanas en lejanos mundos. No teníamos prisa, puesto que nuestro viaje debiera haber sido eterno. Sin embargo, hoy vamos a vivir lo más importante que jamás le haya sucedido a ninguna otra tripulación. El vacío cada vez más oscuro y frío en el que nos movemos se acaba. Las mediciones no fallan. Estamos a punto de traspasar los límites del Universo y no hay forma de saber si más allá hay algo más: tal vez un Dios, tal vez la vigilia de un durmiente, tal vez las pesadillas de los primeros navegantes del mar terrestre.