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Mostrando las entradas etiquetadas como alma

El dato perentorio

–Vamos, que es para hoy. ¿No ve usted la cola tan larga que hay? – Si que hay cola, sí. Ni que esto fuera el fin del mundo. Tampoco creo haya mucha prisa, yo no los veo impacientes. Le decía que mi fecha de nacimiento es el 15 de octubre de 1967, aunque me adelanté 3 semanas. Al menos eso me contó mi madre que dijo el médico. Es posible que ese adelanto, por supuesto esto es sólo una conjetura, haya tenido que ver con la forma en la que se ha desarrollado luego mi vida. – Eso ya me lo había contado hace un rato. Además, no es esa la fecha que le he pedido. – Ya, pero es que precisamente usted debería comprender que nada es tan sencillo. Algunas cosas requieren una explicación. Desde pequeño me enseñaron que las cosas dependen siempre del color del cristal con que se miren. Y, dada la importancia del trámite, creo que debo ser especialmente exhaustivo en este caso. – Claro que el trámite es importante, pero con sus circunloquios lo único que consigue usted es retrasarlo. Y es una e...

La nostalgia es el infierno

Fue justo cuando el cantautor se acomodó en el borde del escenario y empezó los acordes de una canción de su primer disco. En ese momento José abandonó la calidez del público y se trasladó muy, muy lejos de allí. A un lugar indeterminado y frío. Y frente a él apareció ese joven con la cabeza llena de pájaros y la certeza de saberse incombustible, inasequible, invencible. Sus ojos reflejaron los de aquél y comprendió que sólo los distinguía la luz que ya jamás se asomaría a los suyos. El tiempo, las derrotas y la desesperanza se agarraron a sus entrañas sin compasión alguna. Al terminar la canción, entre aplausos, ella lo vio llorar, con la mirada dirigida a un punto muy profundo de su propio interior y recordó también a aquel joven. Y comprendió todo lo que habían perdido.

el rincón de los sueños abandonados

Besar a Mariángeles a la orilla del mar, ser biólogo, doblar el Cabo de Hornos, todos ellos son los sueños que se amontonan en un rincón de mi alma que no suelo visitar. Normalmente no me pesan, pues han sido muchos los deseos colmados pero, de vez en cuando, hago inventario y no puedo dejar de preguntarme qué hubiera sido de mi vida si alguno de ellos se hubiera hecho realidad. [Posted with iBlogger from my iPhone]

Tipos de almas

No se confundan ustedes. Lo mío no tiene que ver ni con Dios y su Corte Celestial, ni con los marcianos de Ganímedes. Lo mío es difícil de creer hasta para mí. Así que antes de comenzar a querer reírse a mi costa, dejen que les explique. Si es que puedo. Algunos le llaman aura, yo prefiero llamarle alma, porque no es sólo un círculo de luz alrededor de una persona; ese alma que yo percibo (no sólo la veo) cambia, es cierto, con los estados de ánimo; pero también tiene tendencias que se mantienen en el tiempo, y que son el reflejo de la personalidad de su poseedor. A algunas personas, el alma se les derrama literalmente, de forma que logran abrazar las de otros seres. Otras, sin embargo, son pequeñas o incluso menguantes, y pertenecen a sujetos normalmente abyectos o resentidos. He llegado a ver un alma que era llorada: se diluía a goterones junto con las lágrimas de una mujer. Se preguntaran qué pasa con el alma cuando uno muere. Ya les dije que no creo que sea cosa de Dios, no creo si...

Hurgando en el alma

A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?