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Mostrando las entradas etiquetadas como Edad maldita

Temer el tiempo

Tener tiempo. Tener tiempo. Tener tiempo. Temer al tiempo. El mantra de tantos años se había convertido en una realidad. Las prisas, los agobios de última hora, que siempre fuera última hora. Las noches sin dormir pensando en todo por hacer, dejando de lado lo superfluo (familia, amistades: hijos). De pronto la prisa cesó. Salí de golpe de la galerna y me vi en medio de un eterno mar de los sargazos. Al fin tengo tiempo. Pero ya nadie lo tiene para mi: mi mujer hace mucho que dejó de serlo, mis hijos no saben reconocerme y no me quedan amigos. Ni siquiera mis antiguos compañeros de tormentas; tienen ahora sus proas apuntando hacia mares que yo ya no surcaré. Y tengo tiempo, y ahora me da miedo...

Rozando los 40

El espejo le devolvía una imagen juvenil. Sus tetas recién estrenadas pugnaban por escapar del opresivo pijama y las desaparecidas patas de gallo alrededor de los ojos no habían dejado huellas por las que llorar. Su hombre, inicialmente reacio, había recuperado el interés por ella y las amigas no dejaban de decirle lo bien que la encontraban. Era feliz y joven, joven y feliz. Sin embargo, no era cierto, no terminaba de sentirse totalmente bien, algo le impedía sonreir de verdad y no sabía qué. – Los años del alma no se operan. – le espetó él de camino a la ducha.