Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como milagro

Casi un milagro

Parece que está buscando a alguien. Se le nota apurado, casi desesperado. Grita un nombre: puede ser Quique, o Enrique. Se va abriendo paso entre la gente para acercarse a la calzada. Lo cierto es que acabamos de pasar al lado de un niño pequeño que estaba llorando. Algunos de los penitentes se han sorprendido por su emoción cofrade: ¡tanto sentimiento en un crío tan pequeño! Alguien debería decirle que su niño está ahí, a apenas 15 metros, y que son las palmas las que no le dejan verlo. Si no fuera porque le he perdido el gusto a eso de los milagros, ahora mismo me bajaba de la burra y le gritaba al padre dónde está su Quique. parroquiavilavella.es

El desfiladero de las pesadillas

Una caída de 3.000 metros y apenas unos pocos rasguños. Los árboles amortiguaron el brutal golpe y la suerte, esquiva casi siempre, hizo el resto. Los médicos asombrados, no podían dar crédito a lo que veían reflejado en la pantalla del escáner. El hombre del milagro, le llamaron. El Hombre del Milagro acaparó espacio en los informativos, visitó algunos platós y, en el momento álgido de su popularidad comenzó a recibir cartas de personas que le pedían milagros. Nunca pensó que eso fuera posible, pero una generosa oferta de dinero le persuadió de intentarlo. Y, ante su sorpresa, la mujer de la silla de ruedas se levantó y anduvo. De la noche a la mañana se transformó en el Hombre de los Milagros y su casa se convirtió en un lugar de peregrinación y el almacén de los miles de regalos de todo tipo que los fieles agradecidos le hacían. Pero por las noches, el Hombre de los Milagros soñaba una y otra vez que caía por el mismo desfiladero que el día de su accidente. Cada noche volvía a sent...

¡Dios está con nosotros!

¡Aleluya! Dios está con nosotros. ¡Aleluya, hermanos! Dios nos manifiesta su poder a través de mis manos. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! Que nos ha concedido la gracia del milagro. Vuestra fé lo ha provocado. Ella anda porque cree y porque creéis. Dios es mi señor y yo soy su pastor: un mero instrumento de su voluntad. ¡Aleluya! Lo que le hagais a Dios, me lo hacéis a mi. Lo que me hagáis a mi, se lo hacéis a Dios. Lo que me dais a mi, se lo dais a Dios...