Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como cuento

Los noruegos

Comenzaron a llegar poco a poco. Al principio venían a pasar temporadas cortas en julio o agosto. Como el resto de europeos que pasaban sus vacaciones en España. Y ni siquiera era este su destino favorito, Iberia estaba muy por detrás de las islas griegas en sus preferencias. Nada hacía presagiar el fenómeno que se desencadenaría solo unas pocas décadas después.  Imagen generada con Copilot Las primeras noticias sobre la paralización de la AMOC llegaron a principios del siglo, pero casi nadie prestó atención a los avisos de los científicos. Sus informes y advertencias rara vez traspasaban las páginas de las revistas especializadas o de los libros de actas de congresos. Entonces tan solo llegaban algunos jubilados que aprovechaban la crisis inmobiliaria española de 2009 para comprar propiedades a buen precio y garantizarse un retiro al sol.  Allá por 2024 comenzaron a aparecer las primeras informaciones en los medios generales, aunque siempre acompañadas de opiniones contrarias...

El penúltimo robo del siglo

Estaba todo ensayado, excepto el fracaso. Habían pasado meses estudiando las rutinas de los guardias, habían logrado los planos interiores del edificio y de sus instalaciones, incluso habían incorporado los nuevos tabiques midiendo subrepticiamente con láseres de pequeño tamaño. Averiguaron qué empresa había diseñado el sistema de alarma y se colaron en su sistema informático para analizar sus componentes. Colocaron a una de las suyas en el servicio de limpieza y luego coreografiaron cada movimiento en una maqueta a escala real de la zona en la que realizarían el robo. Solo una sala, cuatro cuadros de formato mediano y una jubilación dorada en la Costa Azul. O en el Cabo de Gata, lo que cada uno prefiriera. El día del robo repasaron por la mañana todos los pasos a dar y se citaron para la noche. Llenaron el tiempo con las rutinas de concentración de cada uno. Dos de ellos practicaron meditación, una tercera estuvo jugando a la consola y el cuarto dedicó la tarde a escuchar jazz clásico...

El premio

Las rutinas son el calmante que usamos en nuestra vida diaria para ocultar el aburrimiento, para obviar que la mayor parte de nuestras vidas es perfectamente insulsa. Ana María mantiene infinidad de rutinas; de hecho, la mayor parte de su día está dictado por ellas. Siete de la mañana, despertador; siete y cinco, comienza a sonar la radio; a las y cuarto ya está saliendo de la ducha; desayuno rápido con café y pieza de fruta; 20 minutos andando al trabajo escuchando el podcast diario de la BBC para que el inglés no se oxide; saludar al agente de seguridad de la puerta, entrar en la oficina, encender el aire acondicionado, arrancar el PC que cada día va más lento, comenzar a procesar documentos: pedidos, facturas, transferencias. Desayuno con tostada y segundo café a eso de las diez, en Casa Amalia, casi nunca acompañada, mirando el ABC en el móvil, máximo 20 minutos. De vuelta a la oficina y a los documentos hasta las tres.  Imagen generada con DALL•E Comprar de camino a casa la co...

Empatía artificial

«Posiblemente se trate de la actualización del antivirus. En ocasiones, si hay un corte de electricidad o algún enganche en las actualizaciones previas, el ordenador se queda en una especie de limbo en el que el servidor le capa la conexión al no localizar la versión adecuada del antivirus. Nos lo llevamos y hacemos las actualizaciones pendientes por nuestra red de carga, que es libre, y en un rato lo tienes de nuevo en la mesa». Eso me había dicho Alfonso, el informático que atendió mi petición. Mi veterano ordenador había decidido desconectarse de la red corporativa tras la vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Pero de eso habían pasado ya más de tres horas y casi se había colado la mitad de la jornada laboral. Ya no me quedaba nada por hacer que no precisara de ordenador y conexión. Así que tuve que regresar a casa y terminar el día teletrabajando con el portátil corporativo, mucho más lento y mucho mucho más incómodo.  El martes me llevé el portátil a la oficina, por si la ...

Alicia

Es 2009 y Alicia es una tweet-star. Sus microrrelatos en menos de 140 caracteres son verdaderas obras de orfebrería. No es solo el relato en sí, sino la armonía de las palabras, la melodía que logra condensar en cada tweet . Y la red le adora. Pasa el tiempo; es 2020. Y ya nadie recuerda a Alicia; sus pequeños retablos literarios han desaparecido entre la multitud de insultos, zascas e hilos llenos de odio y mala baba. La irrelevancia le ofende, pero no puede dejar de construir alambicadas estructuras de 140 caracteres para soltárselas de forma atropellada a su terapeuta en cada sesión quincenal.

La tribu

Llevan viviendo en el valle y sus alrededores desde hace tan solo cinco generaciones, pero ellos creen que han estado allí desde siempre. Los relatos que se cuentan alrededor del fuego sobre un tiempo en el que el hielo lo invadía todo, los ubican en un momento mítico, demasiado atrás en como para que pueda ser importante. Solo el chamán lo sabe, porque él sí conoce la importancia de las leyendas y porque fue parte del legado de conocimientos que le dejó su antecesora. Por eso es el primero en identificar los signos a su alrededor: las lluvias se hacen cada vez más infrecuentes e intensas y el suelo comienza a cuartearse en las orillas del lago a medida que el agua se retira. Y por eso se da cuenta de que pronto tendrán que abandonar aquellas tierras y trasladarse más norte. Con un poco de suerte, aún le quedarán fuerzas para ver a los suyos establecidos en un nuevo lugar. Aunque cada nueva mañana se dice a sí mismo que su marcha al mundo de los espíritus debe esperar, lo cierto es que...

Alfa y omega

Lucía nació un 25 de diciembre por cesárea. Entonces el plazo de recuperación solía se de una semana, así que para el día de año nuevo estaba prevista su llegada al hogar. Pero, por razones desconocidas, a la niña le sobrevenían violentos ataques de fiebre car vez que los médicos comenzaban a tramitar el alta. El 6 de enero nació en el mismo hospital Alejandro, de parto natural. Ambos bebés durmieron cuna con cuna durante dos noches y solo cuando se llevaron al niño desaparecieron los ataques de Lucía. Volvieron a coincidir en la guardería, donde jugaban juntos a diario. El día que alguno de los dos faltaba al centro, el otro pasaba las horas de mal humor, llorando por cualquier causa y aislado del resto de niños. Ahí se acabaron las coincidencias. Luego, Alejandro se fue con sus padres a otra ciudad. Allí creció, allí se educó y allí terminó formando una familia, y luego otra y luego dejó de intentarlo. Lucía se pasó la infancia y luego la vida notando que algo le faltaba, nunca termi...

Una vida no lineal

Creo que todo comenzó el 26 de julio de 1991. Yo acababa de terminar la carrera de Empresariales y, antes de incorporarme a un puesto de trabajo en una caja de ahorros, estaba pasando mis últimas vacaciones de estudiante en La Línea. Habíamos llegado a la playa de Levante y, como de costumbre, me lancé directamente al mar. Lo había hecho cientos de veces, pero aquella tarde calculé mal, salté con más fuerza y más cerca de la orilla que otras veces. Aunque mis brazos iban por delante, el impulso y la cercanía inesperada del fondo los doblaron, de forma que recibí un tremendo golpe en la cabeza, fruto del cual me aplasté una vértebra, perdí media paleta y el conocimiento. Recuerdo haberme despertado en mi cama completamente desorientado, haber llegado a la cocina de casa y recibir de mi madre, en lugar de un abrazo y un beso, una soberana bronca por las horas a las que había llegado la noche anterior y por la vergüenza que había pasado mintiendo a mi jefe al excusarme. Era el 12 de mayo ...

El asesino de inmortales

Cuando no te importa la muerte, termina por no importarte la vida. Viajé con Alejandro, bebí de la fuente de la eterna juventud. Como muchos otros de los suyos, me vi obligado a desposarme con una noble persa a la que terminé amando de verdad. Quise llevarla a la fuente pero ella lo fue posponiendo hasta que fue demasiado tarde. La enterré en un lugar solitario que grabé a fuego en mi memoria y al que vuelvo de vez en cuando. Luego de dediqué a la guerra. Defendí y ataqué imperios por toda Eurasia. Al principio, como terapia para olvidar el dolor, luego como medio de vida y, finalmente, como costumbre.  Empecé a matar a otros inmortales casi por casualidad, Alejandro VI logró beber De la Fuente, tras saber de ella a través de unos pergaminos almacenados en Roma. Yo estaba al servicio de su hijo César, y fui testigo de cómo ordenaba el cegado y destrucción de la fuente, así como la muerte del resto de inmortales. La vida eterna solo estaría disponible para quienes la buscaran a trav...

El faro del fin del mundo

Anoche soñé con el faro del fin del mundo. Bueno, en realidad no sé si el faro estaba o no en el fin del mundo, pero la escena de arranque encajaba perfectamente con la evocación de ese nombre. Creo que he visto antes esas imágenes de un faro sobre un farallón siendo engullido por las olas. Pero en mi sueño son mis ojos los que hacen de cámara; fue una sensación muy extraña, ya que se parecía a las imágenes de mi recuerdo. Pero estaba seguro de ser yo quién observaba desde el aire mientras me hacía la pregunta de cómo debía ser encontrarse dentro del edificio. La respuesta la obtuve tras un parpadeo, las paredes redondas del faro temblaban ante el fragor del viento y el mar, mientras que un ensordecedor ruido lo invadía todo. Dentro del faro, el ruido se multiplicaba y se amplificaba como en un gigantesco altavoz. Pensé, o soñé que pensaba en si las paredes resistirían un ataque tan brutal mucho más tiempo. Entonces comenzaron a surgir grietas por las que el mar entró a borbotones. El ...

El montón de los corrientes

De niño, aprendí dos cosa muy importantes de mi abuela. La primera es que el derroche es el padre de la pobreza, cosa que ella llevaba al extremo más absoluto; hoy los ecologistas la hubieran puesto de ejemplo del residuo cero o de la economía circular. Y la segunda, y más importante si cabe, que había que procurar no destacar en nada, ni por arriba ni por abajo: “Pepito, tú debes ser del montón de los corrientes, que es lo mejor que se puede ser”. Tal vez me lo dijera porque creía en ello de verdad. O tal vez porque yo era el insulso hermano del medio, detrás de un jabato rubio y simpático que no necesitaba hacer nada para ser el centro de atención y justo delante de una preciosa niña que, ella sí, hacía todo lo posible para llamarla. De los hermanos Barrio García yo era el único moreno de ojos marrones. Me críe como un enclenque: no tenía apenas fuerza, pero no estaba especialmente delgado. Me gustaban los deportes, sobre todo el fútbol, aunque no lograba destacar en ninguna demarcac...

Una apuesta que no podré cobrar

Haber imaginado tantos escenarios futuros para tu vida a veces provoca que el presente tenga cierto regusto a pasado. Hace años pensé que mi vida no alcanzaría las seis décadas, me convencí tan profundamente de ello que incluso aposté con mi amigo C a que no llegaría a celebrar mi 60 cumpleaños. Y ahora ya sé exactamente como voy a ganar aquella apuesta macabra. Será la COVID-19 quien acabe conmigo. Y lo hará cuando ya apenas haya contagios, cuando esté a punto de salir su vacuna y cuando los telediarios presten más atención al estado de las playas que al de los hospitales. Mi cuerpo será incinerado a toda prisa y mis amigos organizarán una reunión de Zoom para hacerme un funeral. Todos hablarán de mi y recordarán los momentos gloriosos compartidos. Y, por supuesto, también los más penosos, como aquel episodio heroico de París que bien pudo no haber sucedido nunca. Eso sí, C tendrá que reconocer que le gané la apuesta y ofrecerá un brindis por mi alma, aunque casi ninguno de los pres...

Hermano pájaro

El pájaro, cuyo nombre desconocía, voló tras recoger su ración diaria de migas de pan. Sabía que era el mismo, el del resto de los días. La cuarentena para él debía ser mucho más estricta que para el resto. Su enfermedad, la que se había convertido en su centro de gravedad en los últimos dos años, lo mantenía con el sistema inmonológico deprimido, así que ahora dependía de su familia más que antes. La sensación de impotencia no había hecho más que crecer con la enfermedad: saberse enfermo, saberse dependiente de los médicos, verse de vuelta en casa de sus padres sin posibilidad de ganarse la vida con su trabajo... Y, ahora, esto. Una enfermedad de esas que nunca se producía en el primer mundo, una situación de esas que solo se veían en televisión: en las noticias del mundo o en las películas de catástrofes.. Era el mismo pájaro, estaba seguro, porque le faltaba la garra de la pata izquierda y siempre acudía a la misma hora. El pájaro, como él, se encontraba en desventaja con el resto ...

No hicimos el amor

No hicimos el amor, follamos. Porque follar es más animal, más urgente. Follamos con la desesperación de los condenados a muerte; follamos clavándonos las uñas, lamiéndonos los cuerpos. Follamos hasta que el sueño nos venció, en algún momento, sin saber muy bien cuándo.  Al despertar éramos otras personas. Nuestros ojos se cruzaron. Yo leí en los tuyos vergüenza, en los míos había remordimiento. Dejamos la habitación sin apenas decirnos nada. Un tímido adiós que sonaba como un hasta nunca.  Solo las sábanas impregnadas con nuestros olores seguían empeñadas en recordarnos. Aunque cuando las camareras de piso hicieran la habitación, apenas nuestros silencios culpables serían testimonio de aquella noche.

Casi un milagro

Parece que está buscando a alguien. Se le nota apurado, casi desesperado. Grita un nombre: puede ser Quique, o Enrique. Se va abriendo paso entre la gente para acercarse a la calzada. Lo cierto es que acabamos de pasar al lado de un niño pequeño que estaba llorando. Algunos de los penitentes se han sorprendido por su emoción cofrade: ¡tanto sentimiento en un crío tan pequeño! Alguien debería decirle que su niño está ahí, a apenas 15 metros, y que son las palmas las que no le dejan verlo. Si no fuera porque le he perdido el gusto a eso de los milagros, ahora mismo me bajaba de la burra y le gritaba al padre dónde está su Quique. parroquiavilavella.es

La velocidad de las musarañas

Dos pasos por detrás, absorto con el pelo arremolinado por el viento, entretenido con la visión aleatoria de su cuello y el moreno nacimiento del pelo. Ella ha bajado del autobús en la misma parada que yo. Al pasar a su lado me ha dejado un suave perfume que se le ha clavado en las profundidades de mi nariz. No me ha dado tiempo a ver su cara,  pero el azar ha querido que llevemos el mismo camino. Quiero pensar que se mueve con la elegancia sensual de una pantera y me la imagino volviendo la cara y buscando cruzarme la mirada. Entonces ella se gira y juraría que sus ojos se han detenido en mí una décima de segundo. Ella sonríe con una delicada hilera de perlas. Pongo mi cara de Gary Cooper y espero paciente que ella inicie la conversación que indudablemente la enamorará para siempre. Pero esa sonrisa no es para mí. Otro se interpone entre esas perlas y mi boca. Y es otro el que la besa delicadamente en el cuello. No borro la cara de Gary y lanzo un saludo a un lugar indeterminado ...

Un lugar a la sombra del mundo

Una jaula de Faraday para las emociones. Un lugar sin cobertura para la desesperanza o la ira. Un cobijo para recuerdos sin dolor, un rincón del planeta a salvo del mundo, un espacio alejado de anhelos y sueños. Bajo la vieja escalera de madera, la que comunicaba el recibidor de la abuela con el mundo de los olores antiguos, había un lugar así. taringa.net

Un baile, una vida

Bailaron hasta que los músicos, exhaustos, dejaron de tocar, hasta que las demás parejas sólo fueron un recuerdo sobre la pista de baile, hasta que se quedaron completamente solos. Bailaron hasta que él le preguntó si se había divertido y ella ya no pudo responder que sí.

Autismo voluntario

Cerró los oídos, los ojos, la boca, todos sus sentidos. Pero aún así seguía percibiendo su presencia, turbando su silencio sensorial, rompiendo la paz que tanto anhelaba. En medio de aquella nada irreal y asfixiante encontró un pensamiento rebelde. ¿Y si en lugar de encerrarse al mundo no le abría todas las puertas? Tal vez el ruido de la vida, el olor de la ciudad y el sabor de la gente le permitieran desprenderse de aquella presencia residual.

El humo del negociador

Le daba rabia reconocerlo, pero aún añoraba el humo protector del tabaco. Sobre todo cuando tenía que negociar: le faltaba algo con lo que entretener los dedos y alargar las pausas. No era la nicotina, sino lo que el cigarrillo tenía de liturgia en los momentos clave, la carga dramática que el humo incorporaba a cada decisión. Ahora no había más que un centro de mesa entre ellos y los otros, apenas 1 metro y varios millones. Ahora ya no podía dar una intensa calada, expulsar el aires y decir desde detrás de la nube, sin delatar una sonrisa, "pensaremos en  su oferta".