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Mostrando las entradas etiquetadas como guerra europa

La decisión acertada

En la academia de oficiales había hecho varios ejercicios sobre esta cuestión. A él le costaba mucho tomar la decisión acertada y, en la mayoría de las ocasiones, se equivocaba: acataba las órdenes cuando no debía y las obviaba cuando era necesario cumplirlas. En las últimas semanas, aún encontrándose lejos del frente, comenzó a maldormir a causa de unas pesadillas recurrentes en las que se veía alternativamente pulsando el botón y descerrajándole un tiro al presidente. Cuando se despertaba alterado y sudoroso, intentaba tranquilizarse de la única forma que los militares de su edad y rango sabían hacerlo: con vodka. Al principio estaba seguro de que no tendría que tomar esa decisión, al fin y al cabo la previsión era la de una rendición rápida. Los estrategas habían planteado un escenario de resistencia a medio plazo, en el que el frente de avance ya habría alcanzado la capital y entre un 50 y un 60 % del territorio enemigo. La negociación sería entonces rápida y todos recibirían nueva...

Un crimen

Ahora que en mi lado de Berlín comienzan a florecer las sonrisas y la mala conciencia se lava en juicios retransmitidos a todo el mundo, me doy cuenta. Me acusan de haber colaborado en la locura de Hitler, pero mi verdadero crimen fue haberle salvado la vida cuando siendo niños le rescaté de un agujero en el hielo del río. Si yo no hubiera tendido mi mano, si yo no me hubiera arrastrado por la fina capa para sacarlo del agua, él no me hubiera llevado consigo el resto de su vida, el mundo hubiera encontrado otras razones para matarse y yo hubiera muerto siendo un héroe desconocido y no como el más antiguo colaborador del gran monstruo nazi.

La sinfonía del Apocalipsis

Había comenzado su peregrinación dos semanas antes y aún no había salido de los dominios de su rey. Le daba miedo la inmensidad de la distancia, mucho más que los peligros del camino, enormes, en una Europa incendiada por las tropas de Napoleón. A lo largo de las jornadas previas había estado tomando notas de los paisajes y de las gentes que se encontraba. También esbozó en sus cuadernos de notas la pobreza, el frío, el hambre y la desesperación. Su destino era la tumba del apóstol, en España, pero apenas llegó a Viena decidió que no podía seguir; su alma sufría a cada paso. Y allí, en aquella ciudad, pasó el resto de su vida dando forma de partitura a los males de la humanidad. Una gigantesca sinfonía dedicada a los cuatro jinetes del Apocalipsis, tan terrible, tan descriptiva, que a su muerte, los próceres de la Iglesia decidieron reducirla a cenizas para proteger a la humanidad.