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Mostrando las entradas etiquetadas como barco

Ciñendo la realidad

Cazó las escotas de mayor y génova, ciñó el rumbo del barco al viento y esperó la segura escora. En esos instantes previos a la maniobra siempre podía sentir cómo la adrenalina le inundaba la sangre. Los latidos del corazón se aceleraban y, durante unos instantes, el miedo acudía a su mente. Afortunadamente, nunca se quedaba el tiempo suficiente como para inmovilizarle, y rápidamente sus músculos respondían ante los cambios en la inclinación del velero. Como siempre que el viento pasaba de los 8 nudos, la respuesta era ágil y rápida: a medida que la proa se acercaba al viento, el barco aumentaba su escora y su velocidad. Y eso le proporcionaba un indudable placer. Luego, la adrenalina se diluía, pero la sensación de libertad absoluta, de equilibrio inestable y peligro indefinido perduraban. Y como yonki que era de las emociones, no podía dejar de embarcarse en aquellos viajes de un par de horas en los que el mundo dejaba de ser importante. Trás la estela quedaban las apreturas de la ...

Cortar amarras

Ha cortado las amarras. No las ha soltado. Quiere dejar claro que no piensa volver. Esos dos pedazos de cuerda guardarán memoria de su marcha. A la salida del puerto, uno de los marineros le saluda. Devuelve el gesto con la mano y pone proa al sur. Iza la mayor, despliega el foque y programa el piloto automático. Entonces baja a la cabina y recoge el cuaderno de bitácora. Pone en el equipo de música La Boheme y vuelve a cubierta. Abre el libro y escribe: "5 de julio de 2008, 17:20 horas. He cortado las amarras. No las he soltado. Quiero que esos dos cabos rotos guarden memoria de mi marcha."

El barco de papel

He tenido que lidiar con muchos locos a lo largo de mi vida. Sí, ya sé que no es propio de un psiquiatra hablar de locos en general, sin distinguir entre las diversas razones que conducen a la sinrazón que es siempre la locura. Decía que he tenido que lidiar con muchos enfermos mentales a lo largo de mi vida, pero ninguno como el interno 116 del Hospital de Santa Inés, que había sido encontrado en las inmediaciones del puerto, vagando entre los contenedores y alimentándose de cuantas alimañas merodeaban por los muelles. Su enfermedad, aún sin diagnóstico, solía aparecer en forma de delirios momentáneos, en los que hablaba de circunnavegar el globo. Al principio pensamos en una esquizofrenia, pero cuando descubrimos que se dedicaba a acumular periódicos en los más insospechados escondites, nos decantamos por alguna dolencia maníaco compulsiva. Hoy, no obstante, me pregunto hasta que punto estaba realmente loco, sobre todo después de que comenzara a construir un gran barco de papel con l...