Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Amor truncado

¿Qué hubiera sido de nosotros?

¿Qué haubiera sido de nosotros sí no hubiésemos muerto en aquel accidente? Habríamos llegado impacientes a la habitación del hotel. Invadidos por la urgencia, nos habríamos besado torpemente y hubiéramos dejado tirada de cualquier forma nuestra ropa por el suelo. Luego, es posible que hubiéramos intercambiado nuestros números de teléfono y que hubiéramos repetido unas cuantas salidas, incluso que hubiéramos compartido el espacio secreto de nuestras casas. A lo mejor, nuestra historia se volvería monótona y para adornarla necesitáramos casarnos y tener hijos. O puede que tu inconformismo o mis miedos hubieran hecho fracasar la relación, obligándonos a buscar en otras parejas, en otros lugares. Con los años, es incluso factible que terminásemos yendo como invitados a la boda del otro, amigos al fin, pero con la sensación de que podríamos haber sido algo más. Pero todo esto son conjeturas; hace un momento, o hace un siglo, nuestro coche fue arrollado por un camión que venía en dir...

Recordar una décima de segundo

http://tiempodenada.wordpress.com/ Hay muy poca gente con memoria perfecta, una maldición que haría las delicias de Borges, pero que implica recordar incluso aquello que se quiere olvidar. En mi caso, además, puedo remontarme hasta el mismo momento de mi nacimiento. Recreo los jadeos y gritos de mi madre, la voz acariciante de la matrona (supongo) animándola, y el diagnóstico del ginecólogo: “Definitivamente, es un niño”. Sin embargo, hasta donde yo sé, no hay nadie que sea capaz de vivir el tiempo real. Desde que suceden las cosas hasta que nuestro cerebro las procesa pasa una décima de segundo. Vivimos en un falso directo continuo. No quiero presumir, no voy a decir que mi proceso mental sea más rápido que el del resto, lo que sucede es que mi recuerdo es consciente de ese retardo y lo procesa. Por eso, mi percepción de los sucesos pasados es mucho más completa en el recuerdo que en el momento en los que los viví. Y por eso digo que lo mío es una maldición, porque recuerdo ní...

Bajo la voz

Miente. Sus ojos esquivan la mirada de ella, que se vuelve llorosa por momentos. El plato es el refugio de sus palabras falsas. Ella se da cuenta: los cubiertos se le han vuelto pesadas barras de metal y debe dejarlos en la mesa. Las manos se buscan una a otra, y acuden a tapar las lágrimas incipientes. Finalmente, sujetan su cabeza. Él está libre. Ella ya no le mira y puede dejar de esconderse. Le habla, le toca el pelo que cae sobre su frente y acaricia su mano. Una mano que se estremece al sentirse tocada. Pero sabe que esa caricia ya no es como las demás, es un gesto de lástima, es un lametón de consuelo; ya nunca más será la pasión la que guíen sus dedos hacia ella.  Bajo la voz de él ya no hay más que mentiras y una amarga sensación de abandono. Como un resorte, ella se levanta y le grita que se valla. El restaurante en pleno se silencia mientras él abandona la sala con menos dignidad que prisa. Ella se vuelve a sentar y retoma la ardua tarea de comer unos pocos bocados mez...

Apenas un susurro

Fue un susurro leve, pero ella lo escuchó. De pronto, todas aquellas maravillosa cenas de San Valentín comenzaron a tener sentido. No eran, como ella había pensado, celebraciones de su amor infinito, sino enormes excusas de destrucción masiva. Una palabra bastó para hacer saltar por los aires su vida, una palabra terrorista que se inmolaba para generar dolor a su alrededor. Aún podía disimular, hacer como que no se había enterado y prolongar el engaño algún tiempo más. Pero, en lugar de eso, le espetó: - ¡Cuánto daño han hecho las princesas de Disney a las de mi generación! Él sonrió con su boca falsa y continuaron cenando al son de los violines, sin decirse nada más.

El bastardo bienvenido

Puso buena cara. No hay problema, se dijo. Ella estaba entusiasmada con la visita. Un viejo amigo de la facultad, dijo. Pero era algo más, se reprochó. Mucho más que un viejo amigo. ¿Te acuerdas aquella vez que pensamos que estabas emarazada? Preguntó en mitad de la cena. Entonces lo supo. Ese bastardo la había amado, y a tenor de la intencionalidad de la pregunta, lo seguía haciendo. Y en la mirada de ella adivinó que desde siempre había sido su peor rival y que le había ganado la partida muchos años antes. [Posted with iBlogger from my iPhone]

El Universo se expande

Ella está acostada a pocos centímetros y, sin embargo, la nota cada vez más y más lejos. El Universo debe estar expandiéndose. En realidad, el Universo procede de un enorme movimiento respiratorio. Primero fue la inspiración, en la que contra todo y contra todos, lograron unir sus vidas. Pero ahora viven en medio de la gran expiración. Aunque, paradójicamente, ninguno se ha movido y se ven cercanos y lejanos al mismo tiempo. La tiene a pocos centímetros, observa ese cuello que siempre le volvió loco, y siente que no está allí, que se distancia irremediablemente de él: el Universo se expande.

Avaricia

Sólo recuerdo algunas briznas, apenas unos jirones de realidad, que poco a poco se me van borrando por culpa de la enfermedad. Debía ser en torno a 1949 o 1950. La mayoría de los jóvenes del pueblo habían emigrado a L'ospitalet y en las calles apenas se veían niños. Yo estaba pensando en marcharme también, aunque mi objetivo era Argentina, dónde ya tenía a un primo que nos escribía maravillas sobre ese país. Pero antes de irme debía conseguir el dinero para poder pagar el caro y largo viaje. Por aquel entonces yo no tenía nada que vender, tan sólo mi trabajo y mi palabra de hombre. Con ese capital mi única opción era Juan el rico, un viejo usurero que se había hecho rico durante la guerra. No quiso darme el dinero por adelantado, decía que no tenía gente en Argentina, pero que si me iba a Cataluña, la cosa no tendría problema. Sólo una cosa, por tanto, podía yo ofrecerle: una noche con María, mi novia de entonces. Yo no quise aceptar, pero ella me convenció de que era un precio muy...