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Mostrando las entradas etiquetadas como sueño de una noche de verano

Buscando historias en los cajones

Existe un momento especial, al principio de la noche, en el que mi cabeza es capaz de hilvanar historias magníficas, relatos en los que todas y cada una de sus partes encajan como un mecano perfecto. Luego, según el pensamiento se va deshilachando entre las ráfagas de sueño, el olvido las va desdibujando poco a poco. Hace años leí que los recuerdos, los conscientes y los inconscientes, se almacenan en la mente como en una enorme biblioteca de millones de ejemplares. Para acceder luego a ellos, y localizar su posición en los anaqueles, hay que buscarlos en un gigantesco mueble cajonera repleto de fichas bibliográficas. Antes apenas echaba mano de él, porque era capaz de retomar el hilo de la narración de la noche anterior con solo proponérmelo. Ahora, sin embargo, paso la mayor parte de esas duermevelas buscando como un loco en los cajones del archivo la ficha que me permita recordar al menos una de las historias imaginadas en las cada vez más escasas noches de creación. Pxfuel.com

Vendo sueños, y los tengo baratos

disfruuutalavida.blogspot.com Pues éste me lo suelen quitar de las manos, señora. ¡Cómo le digo! Éste es de los que enganchan; te lo pones una y otra vez y te levantas como nuevo, o como nueva. Seguramente le parecerá demasiado clásico, pero funciona a las mil maravillas. La playa es de arena blanca, de la que no quema los pies, el mar tiene reflejos verde esmeralda y hay palmeras por todas partes. Y no le digo nada de la pareja, ¡qué pedazo de mulato! Aunque usted puede escoger cualquier otra etnia: los escandinavos tienen también mucha demanda, pero dicen mis clientas fijas que el mulato les gana por varios centímetros. La caja lleva cinco comprimidos, que pueden ser del mismo sueño o de cualquier combinación de sueños tipo estándar. Otra cosa son los Golden Dreams®;  esos van dos por caja y garantizan un sueño en pareja. Pero son carísimos y, entre usted y yo, ¿a quién le apetece soñar con la persona que se acuesta a diario junto a uno? Bueno, ¿qué hacemos? ¿Le pongo final...

El niño sonámbulo

Puede que fueran las dos de la madrugada. No estoy seguro porque tenía mucho sueño. La luz de su habitación estaba encendida y se oían sus pasos ir y venir por el pasillo. Puede que el aumento repentino de luz me despertara. No estoy seguro. Le vi atravesar la puerta y perderse en la oscuridad del salón. Puede que llegara hasta el despacho. No estoy seguro porque aún no había reunido las fuerzas para levantarme. Cuando lo hice, lo encontré intentando arrastrar una silla enquistada en el borde de la alfombra. Puede que llevara los ojos abiertos, pero estaba dormido. Lo cogí en brazos y lo llevé hasta su cama. Cuando terminé de taparlo caí en la cuenta de que faltaba la almohada. Busqué en el pasillo, en el salón, en el despacho y hasta en la cocina. No apareció. Volví a buscar, incluso en la bañera, pero como él parecía no echarla de menos volví a la cama. A la mañana siguiente Carlos dormía abrazado a la almohada. Como siempre. Puede que el sonámbulo fuera yo. No estoy seguro.

La sombra hambrienta

Yo no sé ustedes, pero a mí cada vez me pasan cosas más extrañas. Tantas que, a fuerza de sucederme, ya he comenzado a dejar de extrañarme. Hace un par de noches, sin ir más lejos, noté que mis sombras ya no parecían mis sombras. Según caminaba en paralelo a la fila de farolas que iluminan mi calle, me di cuenta de que, a medida que mis sombras pasaban de largo ante mis ojos, parecían desvaídas. No sólo me parecieron menos intensas que de costumbre, sino que las noté algo más delgadas que yo mismo. En realidad, antes de llegar a casa ya había imaginado una explicación lógica: seguramente lo que sucedía es que yo mismo había adelgazado y no era demasiado consciente de ello. Posiblemente, si no me hubiera mirado en el espejo del ascensor, tampoco me habría pesado nada más entrar en el piso. ¡Tenía 2 kilos más que la última vez! Preocupado, hice lo único que se puede hacer en estos casos de desconocimiento absoluto: abrí el navegador y tecleé en Google: "adelgazamiento de sombra...

Ciñendo la realidad

Cazó las escotas de mayor y génova, ciñó el rumbo del barco al viento y esperó la segura escora. En esos instantes previos a la maniobra siempre podía sentir cómo la adrenalina le inundaba la sangre. Los latidos del corazón se aceleraban y, durante unos instantes, el miedo acudía a su mente. Afortunadamente, nunca se quedaba el tiempo suficiente como para inmovilizarle, y rápidamente sus músculos respondían ante los cambios en la inclinación del velero. Como siempre que el viento pasaba de los 8 nudos, la respuesta era ágil y rápida: a medida que la proa se acercaba al viento, el barco aumentaba su escora y su velocidad. Y eso le proporcionaba un indudable placer. Luego, la adrenalina se diluía, pero la sensación de libertad absoluta, de equilibrio inestable y peligro indefinido perduraban. Y como yonki que era de las emociones, no podía dejar de embarcarse en aquellos viajes de un par de horas en los que el mundo dejaba de ser importante. Trás la estela quedaban las apreturas de la ...

Desespejado

Me levanto con el regusto de una noche alcohólica aún en la cabeza. La sábana enrollada en la cintura me retiene unos segundos en la cama, tiempo suficiente como para que me plantee seguir unos minutos más en decúbito supino. Finalmente venzo a la sábana y a la pereza y encamino los pasos hacia el baño. Allí se me viene a la cabeza uno de los pasajes de Amor en los tiempos del cólera al escuchar el inconstante chorro caer en la taza. Para cuando me pongo delante del lavabo, el golpe de agua en la cara casi no es necesario, pero la costumbre obliga y le pago mi tributo mañanero. Ya mis ojos son mis ojos y, sin embargo, el reflejo que me devuelve la pulida superficie del espejo no es mía. Es alguien venido de más allá del tiempo y del espacio, alguien que dejó de ser yo hace demasiado tiempo. Y entonces se me ocurre un buen twett: "hoy estoy desespejado".