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Mostrando las entradas etiquetadas como amores extraviados

Pemán

   – Hacía mucho que no te veía, Pemán. Los surcos que traza el destino parecen rectos, pero irremediablemente se tuercen y se cruzan, a veces más de una vez a lo largo de una misma vida. Ella me llamaba Pemán porque le hacía gracia la forma en que declamaba las poesías en clase de don Jesús; entre afectado e intenso, decía. Fue mi primer amor, al menos el primero digno de ser guardado en los estantes de la memoria. En sus labios aprendí a besar. Mis manos conocieron la geografía de un cuerpo de mujer acariciándola, aún sobre la ropa. Y por ella llegaba a mi casa alterado y con urgencia por encerrarme en el baño. Pero un septiembre ya no regresó de las vacaciones y, en lugar de sus besos, solo recibí una carta de despedida en la que explicaba que su padre había sido destinado a Melilla. Y hoy estaba ahí, en la barra del bar del hotel, como si Laura me hubiera estado esperando todos estos años sentada frente a un Martini rojo. Hablamos durante horas. Yo le conté mis recuerdos d...

La reveladora

La vida es eso que pasa en las fotos de los demás, mientras que tú vas de la casa al minilab, del minilab al banco, y del banco al minilab y a la casa. Así pensaba Alicia antes, durante la mayor parte de su vida, una vida en la que solo contaban como tal algunos fines de semana y algunas vacaciones de recién casados. Ni siquiera sus tres maternidades las recordaba con cariño, ya que llenaron de más rutinas su día a día y dejaron menos espacios para el resto de cosas, para la vida. Además, los tres habían salido clavados a su padre. A pesar de que había aprendido en la escuela que los hijos portan la mitad de los genes de cada uno de los progenitores, en el caso de sus niños parecía que la genética de Antón se había apoderado de todo el espacio. Ahora que tenía tiempo para pensar elucubraba teorías de todo tipo para cualquier aspecto de la realidad. Así, sus hijos en realidad serían clones de su marido, sus espermatozoides habrían colonizado el núcleo de sus óvulos de forma que el...

Una historia nueva con final feliz

Anoche, mientras acariciaba uno de nuestros recuerdos, pensé que volvíamos a ser inmortales. Era antes de todo: antes de que mi padre me regalara el dos caballos, antes de que decidieras dejar los estudios para casarnos, antes de que naciera nuestra Patricia, antes de mudarnos a la ciudad, antes de que comenzara a trabajar en Contrucciones Robles, antes de que Nacho entrara en la Universidad, antes del chalet en la playa, antes de la crisis y de todas las renuncias que vinieron después. Antes de que me pidieras el divorcio. Antes de todo eso nuestros dedos se buscaban bajo el pupitre para inventar un nuevo idioma, y nuestros sueños eran infinitos e inalcanzables. Antes de todo eso tú y yo éramos apenas una posibilidad de futuro. Luego vino todo. Vinieron el dos caballos, Patricia y Nacho, la constructora, el chalet en la playa, la crisis, el paro, la infelicidad. Y el divorcio. Anoche, mientras me dejaba acariciar por uno de nuestros recuerdos, pensé que nada había sucedido aún y que...