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La ciencia de lo imposible

Siempre había estado obsesionado por el movimiento. Su madre ya decía que antes de nacer notaba los leves cambios en su posición, anunciando con una patadita cada vez que ella se ponía de pie o se sentaba, o se acostaba.
El movimiento es física, por eso desde muy pequeño había soñado con estudiar dicha carrera. Sin embargo, entre cuarto y quinto, algo se debió romper en su cabeza y comenzó a obsesionarse con la idea del movimiento perpetuo. Estudió viejos documentos, se leyó todas las biografías disponibles de Leonardo, construyó uno tras otro cientos de prototipos y dedicó todas las horas del día al estudio, diseño y montaje de sus máquinas.
Todos pensaron que se había vuelto loco. Todos, menos su madre, que veía en los intentos de lograr patentar sus móviles, un hilo de lucidez por el que ambos terminarían saliendo de nuevo hacia la luz.

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