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Despedidas

No era la primera vez que acudía a un acto como aquel. Pero si era la primera vez que asistía como protagonista. Como cabía esperar de su lagrimal sensible, no tardaron en aflorar pequeñas perlas salinas de sus ojos, situación que se repartiría varias veces a lo largo de la comida.
Mientras su mirada recorría los rostros de los presentes pensó en lo peculiar del comportamiento humano, que nos hace convertir en buenos y entrañables a los que nos dejan, más aún si el abandono es definitivo.
Entonces pensó que no estaría mal una vida repleta de encuentros y despedidas para siempre. Todo el mundo tendría un buen recuerdo de todo el mundo. Pero todo aquello se le olvidó cuando recibió la camiseta, ilustrada con lo que había sido uno de sus mayores problemas, pero también aciertos. Entonces se dio cuenta de que es necesario tiempo para que la gente se conozca y para que haya algo positivo que añorar.

(Dedicado a mis compañeros de la Cámara, de los que hoy me siento huérfano).

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