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Los noruegos

Comenzaron a llegar poco a poco. Al principio venían a pasar temporadas cortas en julio o agosto. Como el resto de europeos que pasaban sus vacaciones en España. Y ni siquiera era este su destino favorito, Iberia estaba muy por detrás de las islas griegas en sus preferencias. Nada hacía presagiar el fenómeno que se desencadenaría solo unas pocas décadas después. 

Imagen generada con Copilot

Las primeras noticias sobre la paralización de la AMOC llegaron a principios del siglo, pero casi nadie prestó atención a los avisos de los científicos. Sus informes y advertencias rara vez traspasaban las páginas de las revistas especializadas o de los libros de actas de congresos. Entonces tan solo llegaban algunos jubilados que aprovechaban la crisis inmobiliaria española de 2009 para comprar propiedades a buen precio y garantizarse un retiro al sol. 

Allá por 2024 comenzaron a aparecer las primeras informaciones en los medios generales, aunque siempre acompañadas de opiniones contrarias y que calificaban dichas noticias de exageraciones. En aquellos años la preocupación general era el calentamiento global y el aumento del nivel del mar. Los veranos españoles comenzaban a ser demasiado tórridos y muchos de los jubilados que habían llegado en la década anterior comenzaron el regreso a sus latitudes, que presumían iban a tener unos inviernos cada vez más suaves.

Por eso la llegada masiva de mediados de siglo pilló a todos por sorpresa. El enfriamiento de la mitad superior de Europa avanzaba rápidamente al tiempo que en los países de la ribera mediterránea los veranos eran cada vez más tórridos. Las aguas cálidas del golfo de México ya no llegaban a las costas del norte de Europa y los hielos comenzaron a ganar terreno mucho más deprisa de lo que los modelos habían previsto. El fenómeno fue general en los países nórdicos y en las islas Británicas. Inicialmente fueron unos pocos: los más precavidos, los mejor informados y con mayores rentas. Eligieron las principales capitales del sur del continente, fundiéndose con unas poblaciones ya de por si bastante cosmopolitas.

Hacia 2050, el éxodo de los escandinavos comenzó a ser generalizado y urgente. Los países de la zona sur, a menudo despreciados por el norte, se vieron de pronto invadidos progresivamente por los nórdicos. Además, pronto se observaron preferencias nacionales muy claras. Los noruegos e irlandeses eligieron España y Portugal; los suecos apostaron por Italia, los finlandeses y daneses por Grecia y los británicos por Marruecos. Solo los islandeses eligieron permanecer en sus tierras, confiados en que el calor de los volcanes los mantendrían calientes.

Gunter Petersen fue de los últimos en llegar. Su trabajo en las plataformas petrolíferas le mantuvo atado a su país más tiempo del que tenía previsto. A medida que la gente migraba hacia el sur, los sueldos de los que quedaban en la extracción de crudo fueron aumentando, actuando como barrera de salida. Sobre todo para gente como él: joven, sin pareja y muy aferrado a sus tradiciones y paisajes. Pero, finalmente, también tomó la decisión. Sus padres había emigrado antes y la sensación de soledad que poco a poco le iba rodeando y el frío perenne terminaron de convencerlo. Lograr un visado para España ya no era sencillo. Para empezar, la embajada física española había cerrado hacía tres años y ya solo quedaba la virtual, en la que realizar los trámites era una auténtica aventura situada entre lo imposible y lo surrealista. Pero también en aquellos años comenzaron a surgir tensiones entre los españoles de origen y los migrantes más antiguos, venidos de América y África, con los recién llegados. Unos y otros los acusaban de elitistas, de poco dados a la integración, y muy cerrados en sus círculos. Los noruegos se relacionaban entre ellos, llevaban a sus hijos a colegios propios, financiados por el Estado noruego, asistían a sus iglesias y consumían en sus tiendas y restaurantes, sin interesarse por el idioma o las manifestaciones culturales españolas. En cambio, los locales señalaban el abuso que realizaban del sistema sanitario, con las consultas copadas por rubicundos y grandísimos norteños enrojecidos por el sol hispano.

Gunter había escuchado que Noruega pagaba un canon por cada enfermo atendido por el sistema español, así que no entendía esas críticas. Tampoco podía imaginar el clima de rechazo que notó entre sus nuevos vecinos una vez llegó a Muchedumbres. El pueblo, colgado en la vertiente sur de la Sierra de Gádor, había vivido el asentamiento de los primeros noruegos como una oportunidad histórica para escapar del envejecimiento que mermaba poco a poco su población. Pero pronto vieron sus esperanzas frustradas. Las nuevas familias no se mezclaban, no interactuaban con los lugareños y no llevaban a sus hijos a la escuela municipal, que terminó cerrando. Además, cuando se firmó el Convenio Europeo para los Refugiados Climáticos y obtuvieron el derecho a voto, lograron hacerse con la alcaldía votando en bloque a su candidata frente al variado caleidoscopio de partidos españoles. Aquello se vivió como una traición por parte los lugareños, muchos de los cuales comenzaron a tratar con desprecio a los nuevos vecinos.

Eligió Muchedumbres porque estaba en plena sierra, como su pueblo natal, y porque desde las alturas miraba a ese mar que le llamaba casi tanto como su Ártico, en el que tantas horas de trabajo había pasado.

Él fue el noruego número 1.587 de los censados en Muchedumbres, donde eran ya casi dos quintos de los habitantes. Los recién llegados eran más ricos que los autóctonos, más jóvenes y más educados. Sin embargo, todos se habían concentrado en una urbanización construida por una promotora propiedad de la alcaldesa. Ella había sido capaz de ver el atractivo que la zona podría tener para los suyos y puso en marcha la construcción de una promoción de viviendas de estilo norte europeo, que pronto se vería ampliada con la edificación paulatina de nuevas viviendas.

Gunter quiso probar a mezclarse con los lugareños. Una especie de experimento social. Así que se compró una casa vieja en el centro del casco urbano del municipio. La alcaldesa, que también era la propietaria de la única gestoría del pueblo le recomendó que no lo hiciera, lo mismo que sus amigos ya reubicados. Todos le advirtieron de las malas relaciones con los españoles, a los que consideraban descorteses y demasiado pasionales. Pero quiso probar. La casa había pertenecido a una antigua familia de potentados y dueños de minas, el negocio que llevó a Muchedumbres a ser uno de los territorios españoles de mayor crecimiento a finales del siglo XIX y principios del XX.

Su decisión de remodelar la fachada de la casa y cambiarle el aire señorial por uno mucho más funcional y moderno en el que predominaba el cristal, no ayudó demasiado a su integración. De hecho, el comportamiento abiertamente hostil que percibió en sus vecinos españoles le hizo desistir del primer intento de acercamiento, optando por relacionarse con los noruegos de la urbanización.

El esperado reequilibrio climático no llegaba y, contra todo pronóstico y haciendo gala de un pragmatismo a prueba de bombas, Noruega le pidió a España un acuerdo de fusión temporal de Estados, hasta que el enfriamiento retrocediera. En dicho acuerdo, los noruegos se igualaban en derechos y obligaciones a los ciudadanos españoles, tributando directamente en la Hacienda española y pudiendo actuar sin limitación alguna en la economía del nuevo país. Además, el noruego se convertiría en idioma cooficial en todo el país, y los trabajadores públicos del Estado noruego se integraban en la Administración española, repartiéndose en todos los niveles de la misma, desde la nacional hasta las municipales. A cambio, el fondo soberano de Noruega se haría cargo del 50 % de la deuda pública española y España pasaba a ser copropietaria del 10 % de los recursos petroleros nórdicos.

Aquello rebajó mucho el enfrentamiento entre las dos comunidades y lanzó el mensaje de que la estancia en España sería para largo. Gunter decidió entonces que le daría una segunda oportunidad a los latinos y, para comenzar el acercamiento, se apuntó a un curso de español para noruegos organizado por la Universidad de Almería. Gracias a aquellas clases logró desencriptar el idioma y pudo iniciar la lectura de algunos autores españoles, así como la escucha de canciones hispanoamericanas. Comenzó a dejarse ver por el bar de los españoles, primero solo para tomar el café de la mañana, fuerte y negro como su petróleo, pero al que acabó acostumbrándose. Luego, se pasaba algún medio día y probaba algunos de los platos locales. Al cabo de un par de meses, había logrado entablar conversación con el grupo de parroquianos fijos, los viejos que se pasaban la tarde entera en el bar con un solo café jugando al dominó.

En un año él mismo era uno más del grupo, el más joven y el más hábil en el juego. Los suyos comenzaron a llamarle el «spanjolen» y poco a poco le fueron dando de lado. Dejaron de invitarle a las fiestas y hasta las jóvenes noruegas que inicialmente le atosigaban a través de su cuenta de Tinder, comenzaron a silenciar sus comentarios. A cambio, Gunter se enamoró de una profesora de literatura española a la que conoció en la cafetería de la Universidad. Ella le proponía libros y series que ver y él le invitaba a cenar cada semana. Y cada semana ella tenía una excusa perfecta para decirle que no.

Hasta que un día aceptó, a cambio de que él se dejara invitar a una sesión de cine inmersivo para ver una de sus películas españolas favoritas. Aquella película estaba basada en una obra de teatro de un tal Lorca, aunque la acción transcurría en una de las lunas de Júpiter y en lugar de navajas y pistolas de principios del siglo XX, los protagonistas se destripaban con herramientas de corte industrial inmersos en sus exoesqueletos de minería espacial. Después de tanta sangre e insulto en español apenas le quedaban ganas de cenar. Pero venció el asco y el miedo a la visceralidad de aquella española. Fue el inicio de su historia de amor. Al cabo del año, ella ya vivía en Muchedumbres con él y al poco vino al mundo su hija Alicia. Alicia Petersen García, inscrita con dos apellidos según la costumbre española y poseedora de la doble nacionalidad. Una de las primeras.

El emparejamiento no sentó bien a ninguna de las dos comunidades. Los noruegos sentían que Gunter había cortado definitivamente los hilos de conexión con ellos, y los españoles no terminaban de encajar que se mezclara con una de las suyas, y que encima esta fuera una mujer de la capital, posiblemente una loca con ideas demasiado modernas para la tranquilidad del pueblo.

Y algo de razón tenían porque, casi en el mismo momento en el que se sintió embarazada, Alicia comenzó a tejer planes para romper el muro que había entre las dos comunidades. De ella fue la idea del primer intercambio de platos típicos entre noruegos y muchedumbrenses, literalmente la primera celebración conjunta de ambas nacionalidades en todo el país. También se empeñó en celebrar tertulias presenciales (una costumbre anterior a los tiempos de la comunicación holográfica) con guionistas de series de uno y otro país. Y también fue ella la que reabrió la escuela municipal con un programa bilingüe, a la que poco a poco se fueron sumando los niños de algunas familias noruegas y españolas de otros pueblos de la sierra. Y logró que el ayuntamiento corriera con los gastos. Aquellas acciones animaron a los de uno y otro lado a organizar más actividades conjuntas: un equipo de balonmano, un grupo de teatro aficionado bilingüe, conciertos de música mixta y hasta un partido político profusión cultural de ambos mundos.

Hoy es normal que los «españuegos» tengamos nombres y apellidos combinados y son muy pocos los puristas noruegos o españoles que rechacen al otro lado, a pesar de la mezcla casi completa que hemos alcanzado. Hoy la principal discusión radica en si, cuando termine la glaciación del norte, volveremos a ser dos países o si nos convertiremos en uno solo con dos territorios a ambos lados de Europa. Estoy convencido de que mi abuela, Alicia Petersen García, habría deseado lo segundo.



(Muchas gracias a una revisora muy especial)

Comentarios

Carlos ha dicho que…
Imaginación, visión, previsión...?

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