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El encanto de mentir

No se trata de una necesidad, es algo así como un entretenimiento. Hay gente que se divierte jugando al fútbol, o peor, viéndolo por la tele. Yo prefiero mentir.
Antes era más difícil, había que ser muy bueno para poder quedarte con el personal, ya que aparte de tener imaginación para tejer la mentira, tenías que ser capaz de interpretar la situación sin que se te notara, sin que se te llegara a escapar la risa. Y luego había que tener memoria para recordar qué y a quién le habías contado las patrañas. Y eso sin contar con el descreimiento de la sociedad, que cada vez te lo ponía más complicado.
Pero, paradójicamente, ahora es mucho más fácil. Sólo tengo que conectar mi ordenador, abrir el messenger y comenzar a chatear. Nombres falsos, vidas inventadas, experiencias imposibles. Y todo cuela. Supongo que será por el poder de la palabra escrita, aunque también puede ser que, en realidad, todos hayan descubierto el secreto encanto de mentir.

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