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Negro sobre negro

El bourbon apenas puede ya adormecer el dolor de los moratones. Me han dado bien esos cabrones, y según pasan los minutos siento más y más los golpes. Apenas he tenido opción, aunque es posible que uno de ellos ahora esté meando sangre. Malditos.
Está visto que lo mio no tiene remedio. Siempre casos de medio pelo, siempre adorables señoras que quieren desplumar a sus futuros ex-esposos. O si no, maridos convencidos de ser portadores de una cornamenta de récord del mundo. Siempre en las cloacas del amor...
Para una vez que me ofrecen algo decente, uno de esos casos aparentemente sencillos y de alto contenido mediático, uno de esos casos que impulsan la carrera de un detective; para una vez que me sonríe la suerte, termino en un callejón sin salida con los huesos molidos y un aviso serio.
"La chica no quiere ser encontrada, no sigas hurgando en su vida o lo lamentarás".

Y luego los palos.
Mierda, como queman estas cuatro rosas en el gaznate. Me he quedado sin caso, sin portadas, sin dientes y, lo que es peor, sin cobrar: negro sobre negro.

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