El mariachi arrastraba sus cansados pies por las húmedas calles de un Madrid lluvioso. Buscaba algún bar en el que dejar caer sus canciones a cambio de unas monedas, o de una caña, o de lo que fuera.
El traje, descosido por varias junturas, sucio y hasta raído parecía hecho para alguian un par de tallas más grande, aunque juraba y perjuraba que era suyo, y que hasta no hace demasiado le quedaba estrecho. Un día dejó su soleado Cancún persiguiendo a una turista española que se llevó de souvenir su corazón. Pensó que sería sencillo. Pero al abandonar Barajas ya no fue capaz de volverla a encontrar, así que paseaba las calles de la ciudad, cantando sus corridos para turistas y enseñando a todo aquel que se dejara una foto en la que una mujer rodeaba con sus brazos al mariachi que fue antes de perderse.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
Comentarios
Encontrarse perdido y abandonado por una amor de medianoche...
Espléndido relato.
:-)