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Yo te maldigo

Al fin la maldición se había cumplido. Poco importaba que hubiera tenido que descerrajarle dos tiros en la nuca. Finalmente, la maldición que encargó para el hombre responsable de la muerte de su mujer y sus hijos se había cumplido.
Le hubiera gustado más que hubiera sido de la misma forma que él mató a los suyos: atropellado por un estúpido borracho. Pero por más vueltas que le dio siempre le pareció un método poco seguro.
– Te vuelvo a maldecir... –le espetó al cadáver que le miraba sin comprender ya nada.

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