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Nueve años de esclavitud

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El nueve es un número mágico. No es una década, pero casi. En el cubo de tres, por lo que incita a pensar en triángulos. De todo tipo. El nueve no llega a ser un siete, pero es lo más parecido. Una relación de nueve años es algo más que un noviazgo. Se trata casi de una eternidad en la que todas las células del cuerpo de los amantes se han renovado.
Tal vez hayamos estado tanto tiempo juntos que ya no somos los mismos, y tampoco somos capaces de volver a enamorarnos el uno del otro, como dos completos desconocidos que se ven a diario. Eso es lo que le he explicado a ella. La verdad es otra.
Siempre he necesitado alguien a mi lado con una personalidad fuerte, alguien que me ayudara a elegir el camino a seguir o que, directamente, me lo indicara. Blanca lo tenía claro, había trazado un plan milimétrico en el que mis opciones se reducían a formar parte de su sueño. Y eso me gustaba, porque me hacía sentirme seguro.
Pero llegó la herencia de la tía Martirio y, de pronto, me di cuenta de que mis opciones se abrían hasta el infinito. El dinero me daba un poder nuevo con el que yo no sabía manejarme. Y, en estas circunstancias, Blanca era tan inexperta como yo. Por eso, cuando alguien me habló de Dómina Red,  la mejor ama financiera de Barcelona, no me pude resistir a llamarla. Hoy soy su esclavo favorito y no encuentro nada mejor en lo que gastar mi fortuna que en cubrirla de regalos y cumplir todos sus caprichos.

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