En la literatura, también en la esotérica, es posible encontrar casos de sombras rebeldes e independientes, de sombras que desaparecen, o de sombras que cometen asesinatos. Incluso en entre la creciente colección de relatos de No mas de 15 al día hay alguno sobre sombras que pasan hambre. Pero no he logrado encontrar nada parecido a lo que me sucede. En cierta forma, podría decirse que mi sombra se encuentra en el grupo de las rebeldes, aunque su rebeldía consiste en hacerme pequeñas maldades; putadillas que contadas de forma individual hasta resultan graciosas, pero que por repetición y acumulación son un verdadero problema.
Una de las cosas que más a menudo me hace es ponerme la zancadilla, especialmente cuando estoy haciendo deporte o caminando deprisa. Obviamente su objetivo es que caiga y, en la mayor parte de las ocasiones lo consigue. Por eso he tenido que dejar de salir a correr y de jugar al fútbol con los amigos. Para mantenerme en forma corro sobre una cinta casera a oscuras, o con muy poca luz, para debilitarla.
Salir a la calle un día soleado es una verdadera condena. Me suelta los cordones de los zapatos, me zancadillea... Incluso se engancha en los árboles y farolas para que yo frene de golpe. Realmente se me hace insufrible, y ante los demás quedo como un ser descoordinado y torpe. Claro que la opción alternativa es peor: si se me ocurriera contar que mi sombra es una cabrona, la gente pensaría que soy un loco o algo peor.
Una de las cosas que más a menudo me hace es ponerme la zancadilla, especialmente cuando estoy haciendo deporte o caminando deprisa. Obviamente su objetivo es que caiga y, en la mayor parte de las ocasiones lo consigue. Por eso he tenido que dejar de salir a correr y de jugar al fútbol con los amigos. Para mantenerme en forma corro sobre una cinta casera a oscuras, o con muy poca luz, para debilitarla.
Salir a la calle un día soleado es una verdadera condena. Me suelta los cordones de los zapatos, me zancadillea... Incluso se engancha en los árboles y farolas para que yo frene de golpe. Realmente se me hace insufrible, y ante los demás quedo como un ser descoordinado y torpe. Claro que la opción alternativa es peor: si se me ocurriera contar que mi sombra es una cabrona, la gente pensaría que soy un loco o algo peor.
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Foto: http://bibliotecadebabelsiglo21.blogspot.com.es/2011/04/sombra.html |
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