Las palabras leídas le traspasaban el alma. Desde niña. No se trataba de reconocer la buena literatura, aunque también sabía apreciarla, eran las sinuosas curvas de las letras, la rítmica nada de los espacios... Ahí es dónde ella encontraba la verdadera poesìa. Por eso también prefería leer sobre escritura a mano: las variaciones y los motivos de disfrute se multiplicaban.
Cuando se topaba con algún papel especialmente bien escrito, en el que la letra y la música acompañaban, el impacto la sumía en un estado semicatatónico por espacio de horas. Cuando por fin volvía del "viaje" –así lo llamaba–, lo hacía pletórica de felicidad. La adrenalina le impedía dormir durante días y la obsesión por la lectura se le acrecentaba. Sin embargo, cada vez era más difícil encontrar textos tan perfectos. Ni siquiera entre los clásicos. Internet la indignaba, plagado de millones de "autistas aulladores", con egos del tamaño de montañas y talento de ratón, pero como adicta al texto llenaba su ancho de banda de revistas literarias, novelas on line y PDF furtivos. Siempre a la espera de al menos 15 líneas en las que se condensara la belleza.
Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed. Foto: @DUA Es una...
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