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Foto: http://guillamat.espacioblog.com |
Nueve años y sólo una llamada. "Necesito estar solo". Y luego, el pitido entrecortado del teléfono y nada más. Lloró. Primero fue dolor, luego rabia y, finalmente, costumbre. Él le había prometido un futuro juntos y ella no fue capaz de imaginar otra vida. Sus sueños y anhelos se habían convertido en el reflejo de los suyos. Su vida era el guión de un romance perfecto. Y él era el protagonista absoluto de la película.
Los meses que pasó vaciándose de lágrimas la transformaron. Su casa fue el castillo en el que culminó su metamorfosis. Ya mariposa, bella porque quiso ser bella, reunió su ropa, sus recuerdos y regalos y los abandonó junto al contenedor. Luego, marcó su número, le dijo "ya no te necesito" y echó a volar.
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