Ir al contenido principal

La pelota pinchada

Javi le comunicó a su padre, en un lenguaje mitad chino, mitad español, que quería jugar con la pelota pinchada. "Me estoy volviendo duro de oído", pensó el padreque no fue capaz de entenderlo. A la tercera repetición, cuando Javi ya estaba perdiendo la escasa paciencia de sus tres años, entendió lo que quería decir. Así que fue al cajón de los juguetes y sacó de él una pelota pequeña, decorada con los dibujos de Los Lunis.
Sin embargo, el niño, parecía no querer jugar. "La pelota pinchada, la pelota pinchada", repetía como un salmo. Así que el padre hizo lo que hubiera hecho cualquier otro padre: pinchó la pelota.
Entonces Javi rompió a llorar, desolado ante el destrozo cometido contra uno de sus juguetes favoritos. El padre no entendía nada, hasta que el niño sacó del cajón una pelota naranja, de las usadas para rehabilitación que, efectivamente, tenía apariencia de estar desinflada.
Ese día el padre comprendió cuan lejos estaba de su hijo, y Javi aprendió que su papá no era el ser más listo del mundo.

Comentarios

David Uclés ha dicho que…
Antes de que docmorti haga la gracia: no, no es verídico, sólo son reales Javi y la pelota pinchada.
Irilien ha dicho que…
:D es muy interesante (y a veces frustrante) el punto de vista de los niños; pero es un prisma k es bueno no perder...al menos del todo.Muy gracioso el relato, además da k pensar, sobretodo en el punto de como vamos rompiendo nuestros propios esquemas y cambiamos nuestros horizontes, así crecemos...aunk a veces nos apabulle el abismo a nuestros pies.
jlucles ha dicho que…
ya, ya…

Entradas populares de este blog

Hurgando en el alma

A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

Los noruegos

Comenzaron a llegar poco a poco. Al principio venían a pasar temporadas cortas en julio o agosto. Como el resto de europeos que pasaban sus vacaciones en España. Y ni siquiera era este su destino favorito, Iberia estaba muy por detrás de las islas griegas en sus preferencias. Nada hacía presagiar el fenómeno que se desencadenaría solo unas pocas décadas después.  Imagen generada con Copilot Las primeras noticias sobre la paralización de la AMOC llegaron a principios del siglo, pero casi nadie prestó atención a los avisos de los científicos. Sus informes y advertencias rara vez traspasaban las páginas de las revistas especializadas o de los libros de actas de congresos. Entonces tan solo llegaban algunos jubilados que aprovechaban la crisis inmobiliaria española de 2009 para comprar propiedades a buen precio y garantizarse un retiro al sol.  Allá por 2024 comenzaron a aparecer las primeras informaciones en los medios generales, aunque siempre acompañadas de opiniones contrarias...