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Mostrando entradas de abril, 2008

Dios es mujer

– ¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Vaya! ¿No hay más cosas que tirar? ¿Habéis estado guardándolas hasta estar seguros de poder baldarme?
Baja por la escalera y cuando llega al portal aún le resuenan en los oídos las palabras de su jefa, por la mañana. Unas palabras que le han estado martilleando desde que las oyó: "Desengáñate, tú no vales para esto".
Su mujer le acaba de dejar claro que en casa sólo sirve para tirar la basura y sus hijas adolescentes no le hacen ningún caso, ya que apenas las ve. Para colmo, el pedal del contenedor no funciona y tiene las dos manos ocupadas con bolsas: una de orgánicos, dos de envases y otra más de vidrios. Comienza a llover.
– ¡Me cago en Dios! ¿Es que hoy es el día universal del puteo a Jorge?
Los contenedores de cristal y envases están a un par de manzanas de distancia y comienza a estar calado. Prueba con el recipiente azul para papel. Se abre perfectamente. Mete dentro todas las bolsas, con un cierto sentimiento de culpabilidad.
Pero a esas horas y bajo …

Veo, no miro

No tengo tiempo. Mirar lo requiere. Así que sólo veo. Veo personas que avanzan con la mirada perdida, tal vez perdidos ellos también. Veo coches semivacíos que se agolpan y casi se empujan en los semáforos. Veo calles que se entrecruzan y se interrumpen súbitamente.
No tengo tiempo para mirar. Si mirara intentaría seguir a las personas de mirada perdida, sólo para comprobar si realmente están perdidas o sólo lo parecen. Si mirara me preguntaría por qué los coches se agolpan en calles que se entrecruzan y que sólo por casualidad desembocan junto al mar.

El encanto de mentir

No se trata de una necesidad, es algo así como un entretenimiento. Hay gente que se divierte jugando al fútbol, o peor, viéndolo por la tele. Yo prefiero mentir.
Antes era más difícil, había que ser muy bueno para poder quedarte con el personal, ya que aparte de tener imaginación para tejer la mentira, tenías que ser capaz de interpretar la situación sin que se te notara, sin que se te llegara a escapar la risa. Y luego había que tener memoria para recordar qué y a quién le habías contado las patrañas. Y eso sin contar con el descreimiento de la sociedad, que cada vez te lo ponía más complicado.
Pero, paradójicamente, ahora es mucho más fácil. Sólo tengo que conectar mi ordenador, abrir el messenger y comenzar a chatear. Nombres falsos, vidas inventadas, experiencias imposibles. Y todo cuela. Supongo que será por el poder de la palabra escrita, aunque también puede ser que, en realidad, todos hayan descubierto el secreto encanto de mentir.

El poder

– El poder es la explosión de una supernova. Primero, se comprime, se encierra en si mismo, pero inmediatamente comienza a crecer, engullendo otras estrellas y cualquier planeta que se encuentre a su paso. Así es el poder. Por eso no es bueno que nadie lo ostente por demasiado tiempo. Aunque podemos plantear excepciones. En ocasiones, los proyectos ambiciosos, los proyectos que tienen gran repercursión en el futuro presentan largos períodos de maduración. Los retos a los que nos enfrentamos son enormes. Son gigantes que requieren de muchos años para poder ser vencidos. Por eso, y solo por eso, les pido que voten hoy por la modificación constitucional, en contra de limitar los mandatos.

Las huellas, las estrellas

Entrecerró los ojos y volvió a mirar al cielo. Los puntos blancos se hicieron más nítidos y pudo comprobar que algunos tenían un contorno similar a la huella del mamut. Desde siempre le habían llamado la atención aquellas luces de lo alto, y que la mayor parte de las noches podía ver desde la boca de la cueva. Sin embargo, desde que fue aceptado como un cazador más del clan, tuvo que esconder su afición demasiado infantil, y apenas encontraba ocasiones para escudriñarlas.
Tenían hambre, cada vez era más difícil encontrar manadas. Los grandes animales que servían para alimentar durante muchos días y que proporcionaban huesos y colmillos para las herramientas, parecían más escasos que nunca. Habían aprendido a esconderse o habían huido de la tierra, y aquellos círculos blancos del cielo nocturno eran el rastro que habían dejado al pasar.

Nefertiti

Ella quiso ser él, quiso tener su poder. Y él, enamorado y ciego, fue un instrumento en sus manos. Por ella construyó la nueva capital. Por ella, Atón sustituyó al viejo Amón en el panteón oficial del reino. Por ella, la familia real fue asimilada a la divina. Por ella se erigieron templos y su nombre apareció en las estelas junto al del faraón.
Pero, mientras Akenatón soñaba con disfrutar de su amor, ella trataba con los sacerdotes de Amón la vuelta de los antiguos dioses, a cambio de ser ella misma la única reina, el único rey.
Así que mientras el viejo faraón moría con el corazón destrozado, Smenjare subía al trono, olvidando que una vez se llamó Nefertiti.

Ángel Ogro

Ángel Ogro no hace honor a su apellido. Detrás de esa palabra atroz se esconde un personaje pequeño, un hombre atrapado en el cuerpo de un niño de 12 años. Su voz, que uno podría esperarse aflautada, sin embargo, suena con una gravedad similar a la de un tenor de ópera.
Ángel tampoco hace honor a su nombre, ya que en ocasiones se comporta como un pequeño déspota, atento a los descuidos de los empleados para poder mortificarlos con sus broncas y regañinas.
Ángel Ogro es mi jefe. Y le odio.

Transvisualización

La primera vez que me pasó pensé que había sido un sueño: al principio me sucedía siempre en momentos anteriores o posteriores al sueño. Luego, con la adolescencia, comenzó a ocurrirme más a menudo y, poco a poco, llegué a ser capaz de controlarlo.
Veo a través de otros. En ocasiones mis ojos son los de otros, como si yo fuera ellos. Por ejemplo, mi hermano había sido siempre un mujeriego afortunado. Pues bien, la primera vez que vi a una mujer desnuda fue a través de sus ojos, en primera persona. Sólo tengo que concentrarme en la persona por la que quiero mirar y listo. Ellos apenas notan una punzada en la frente, casi nada.
Ahora no me pierdo ningún momento histórico, intento estar allí. Así, estuve en la entrada de las tropas norteamericanas en Bagdag, en las contrarrelojes de Indurain en el Tour o subido en el Renault de Fernando Alonso. Aunque el momento más sublime que he vivido fue el gol de Maradona ante Inglaterra, en el que incluso contribuí, ya que el Pelusa pensaba dar el pa…

La caverna de Platón

Siempre me pareció un nombre impropio para un bar, pero si yo hubiera tenido que montar uno, posiblemente lo hubiera hecho a su imagen y semejanza. El nombre, a priori, no tenía nada que ver con lo que uno se encontraba dentro. Aunque eso era a priori. Sólo cuando el dueño te tomaba confianza era cuando le encontrabas sentido al letrero de la entrada.
Hoy es uno de esos días en los que viene bien un buen consejo. La presión en el trabajo es tal que me encuentro entre la espada y la pared, y entonces es le pido a Pedro que haga salir de la cueva a Platón.
Platón me mira directamente a los ojos, yo diría que incluso me husmea directamente a los ojos, y entonces pregunto. Le cuento mi dilema: no sé si plantarme o rendirme y abandonar la empresa. Por un momento deja de mirarme, le da un mordisco a la rebanada de pan que tiene a su alcance y entonces habla.
Como siempre, hago lo que dice y funciona.
A estas alturas ya no me sorprende que Platón sea un ratón, lo que me intriga de verdad es que …

La alergia mentirosa

Esperaba su turno de palabra. Los demás iban contando los hechos, cada uno añadiendo matices propios, de forma que daba la impresión de que se trataba de un mismo dibujo, coloreado por distintas personas. Algún relato tenía tonalidades más frías, más asépticas: eran narraciones en tercera persona y en un pretérito perfecto que denotaba un conocimiento muy circunstancial del caso. Aquellos que se habían visto involucrados de forma más directa, dotaban a sus descripciones de mucho más brío, de unas tintadas tendentes al rojo fuego. En ellas había pasión, había dolor y había mucho desprecio hacia él.
Su defensa era sencilla, pero robusta. Él no había estado allí. Había pasado la noche en una timba mensual con un grupo de amigos y no se había ausentado de la mesa más que para ir al servicio.
El fiscal comenzó el interrogatorio. Y entonces sintió como su pecho se bloqueaba, un violento ataque de tos le sacudía hasta producirle arcadas y un sudor copioso empapaba su estudiada indumentaria. Un…

El maestro

"El origen del mal y el origen del hombre son la misma cosa".
El anciano dijo esto y luego se alejó con una sonrisa de autosuficiencia marcada en los labios. El joven aprendiz, anonadado nuevamente por las palabras del maestro, tomó nota de la sentencia y se retiró a su celda para desmenuzarla y empaparse de ella hasta la hora de la siguiente oración.
Antes del último servicio lo volvió a encontrar en la biblioteca, y entonces le dijo que si el mal y el hombre habían nacido a la vez, el hombre era, en realidad el propio ángel caído, lo que implicaba un error en las escrituras, o que la sentencia era falsa.
"El origen del mal, del bien y del hombre son la misma cosa". Fue la respuesta del viejo.
El aprendiz no pudo dormir aquella noche, y antes de la primera hora ya estaba esperando al sabio a la puerta de su raquítico aposento. Esta vez ni siquiera hizo falta que el chico abriera la boca. "Haz lo que tengas que hacer".
Aquella misma tarde el viejo fue acusado …

El aparcamiento

Tengo 83 años y aún soy capaz de trenzar mis propios pensamientos. No obstante, necesito servirme de un andador y algo de ayuda para recordar la medicación: tantas pastillas que ya no sé para que son. Pero mis manos todavía alcanzan para escribir, no tan rápido como antes, pero puede que un poco más lúcido.

Estoy encerrado en este aparcamiento al que me han traído mis hijos. La excusa fue que no era bueno que viviera solo a mi edad, que ellos estarían más tranquilos sabiéndome bien cuidado. Sin embargo, la realidad es que así no precisan venir a verme de vez en cuando para saber si estoy vivo, les consta que si muero serán avisados de inmediato.

Así que aquí estoy, viendo a seres que deambulan por los pasillos sin saber ni quiénes son, ni a dónde van, aparcados por sus familiares a la espera de una llamada que les libere por fin de la pesada carga de sentirse culpables.

El mirador

El bálsamo atroz del olvido aún queda muy lejos. Estoy seguro de que llegará, que los recuerdos se irán convirtiendo en harapos de la memoria, el retales raídos por las polillas del tiempo. Pero han de pasar los años, al menos algunos más.
Porque cada vez que cierro los ojos mi mente retorna al mirador. La silueta de la roca que emerge del fondo poco profundo, el azul del mar que la abraza. Como un barco pétreo que embarrancara hace milenios, su rastro desdibujado puede contemplarse desde arriba sólo en días especiales en los que la mar se para y parece que apenas es más que una lámina de plástico casi transparente.
Cierro los ojos y escucho el canto de las sirenas, que es el vaivén de las olas insuflando vida a la mortecina negrura del basalto. Cierro los ojos y estoy otra vez allí, lejos del tiempo, lejos del mundo, lejos de mi.

Despedidas

No era la primera vez que acudía a un acto como aquel. Pero si era la primera vez que asistía como protagonista. Como cabía esperar de su lagrimal sensible, no tardaron en aflorar pequeñas perlas salinas de sus ojos, situación que se repartiría varias veces a lo largo de la comida.
Mientras su mirada recorría los rostros de los presentes pensó en lo peculiar del comportamiento humano, que nos hace convertir en buenos y entrañables a los que nos dejan, más aún si el abandono es definitivo.
Entonces pensó que no estaría mal una vida repleta de encuentros y despedidas para siempre. Todo el mundo tendría un buen recuerdo de todo el mundo. Pero todo aquello se le olvidó cuando recibió la camiseta, ilustrada con lo que había sido uno de sus mayores problemas, pero también aciertos. Entonces se dio cuenta de que es necesario tiempo para que la gente se conozca y para que haya algo positivo que añorar.

(Dedicado a mis compañeros de la Cámara, de los que hoy me siento huérfano).