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Buscando historias en los cajones

Existe un momento especial, al principio de la noche, en el que mi cabeza es capaz de hilvanar historias magníficas, relatos en los que todas y cada una de sus partes encajan como un mecano perfecto. Luego, según el pensamiento se va deshilachando entre las ráfagas de sueño, el olvido las va desdibujando poco a poco. Hace años leí que los recuerdos, los conscientes y los inconscientes, se almacenan en la mente como en una enorme biblioteca de millones de ejemplares. Para acceder luego a ellos, y localizar su posición en los anaqueles, hay que buscarlos en un gigantesco mueble cajonera repleto de fichas bibliográficas. Antes apenas echaba mano de él, porque era capaz de retomar el hilo de la narración de la noche anterior con solo proponérmelo. Ahora, sin embargo, paso la mayor parte de esas duermevelas buscando como un loco en los cajones del archivo la ficha que me permita recordar al menos una de las historias imaginadas en las cada vez más escasas noches de creación. Pxfuel.com

Un corazón corporativo roto

En las muchas noches de insomnio había imaginado cada detalle, desde el tipo de pistola hasta la forma de las salpicaduras de sangre y sesos sobre el cristal de la ventana. Por eso aquella mañana todo tenía un cierto aire de déjà vu: el saludo del guardia jurado al pasar por el torno de entrada, los problemas de velocidad en el ordenador al conectarse a la intranet de la empresa, la redacción del correo al consejero delegado con copia a la directora de recursos humanos, la frase me habéis roto el corazón, el tacto del metal de la pistola, los segundos de intensa duda, la extraña forma de vía láctea de su cerebro en el cristal, la llegada precipitada de la policía, los comentarios de los compañeros, no lo supimos ver, se le notaba triste, ¿quién se lo dice a su mujer?  

La placa

Este relato ha sido premiado con el primer premio del Concurso de Cuentos Chinos sobre el ferrocarril de la Mesa del Ferrocarril de Almería . Ojalá se corrija el fallo temporal y mis ojos puedan ver un tren conectado con el Mediterráneo en mi ciudad… Foto: Pacolopeh a través de Wikimedia.org La placa estaba oculta por varias capas de pintura, tantas que fue imposible leerla en un primer momento tras retirarla. Los operarios lograron arrancarla del improbable espacio que ocupaba en un rincón casi inaccesible de la vieja estación de ferrocarril. Lo normal es que hubiera terminado en el contenedor de los escombros, mezclada con los cascotes, los pegotes de yeso y las placas rotas de escayola. Pero ese no fue su destino porque el capataz pensó que tal vez podría tener algún valor histórico y que, con suerte, podría sacar unas buenas nuevas pesetas subastándola en Globalnet. La placa fue al maletero del capataz y de ahí, al taller de su casa donde se entretuvo en hacer asomar a base de m...

Pemán

   – Hacía mucho que no te veía, Pemán. Los surcos que traza el destino parecen rectos, pero irremediablemente se tuercen y se cruzan, a veces más de una vez a lo largo de una misma vida. Ella me llamaba Pemán porque le hacía gracia la forma en que declamaba las poesías en clase de don Jesús; entre afectado e intenso, decía. Fue mi primer amor, al menos el primero digno de ser guardado en los estantes de la memoria. En sus labios aprendí a besar. Mis manos conocieron la geografía de un cuerpo de mujer acariciándola, aún sobre la ropa. Y por ella llegaba a mi casa alterado y con urgencia por encerrarme en el baño. Pero un septiembre ya no regresó de las vacaciones y, en lugar de sus besos, solo recibí una carta de despedida en la que explicaba que su padre había sido destinado a Melilla. Y hoy estaba ahí, en la barra del bar del hotel, como si Laura me hubiera estado esperando todos estos años sentada frente a un Martini rojo. Hablamos durante horas. Yo le conté mis recuerdos d...

El faro del fin del mundo

Anoche soñé con el faro del fin del mundo. Bueno, en realidad no sé si el faro estaba o no en el fin del mundo, pero la escena de arranque encajaba perfectamente con la evocación de ese nombre. Creo que he visto antes esas imágenes de un faro sobre un farallón siendo engullido por las olas. Pero en mi sueño son mis ojos los que hacen de cámara; fue una sensación muy extraña, ya que se parecía a las imágenes de mi recuerdo. Pero estaba seguro de ser yo quién observaba desde el aire mientras me hacía la pregunta de cómo debía ser encontrarse dentro del edificio. La respuesta la obtuve tras un parpadeo, las paredes redondas del faro temblaban ante el fragor del viento y el mar, mientras que un ensordecedor ruido lo invadía todo. Dentro del faro, el ruido se multiplicaba y se amplificaba como en un gigantesco altavoz. Pensé, o soñé que pensaba en si las paredes resistirían un ataque tan brutal mucho más tiempo. Entonces comenzaron a surgir grietas por las que el mar entró a borbotones. El ...

Excavador, más que arqueólogo

Excavar es una vocación mucho más intensa que la de ser arqueólogo. Decía mi madre que para tenerme entretenido en la playa lo mejor era darme un cubo y una pala. Aunque a veces tenía efectos no deseados, ya que a la compulsión por excavar se unían la de amontonar lo que encontraba entre la arena, principalmente plásticos y colilllas, y la de llevármelo todo a la boca. Con el tiempo, la manía se fue refinando. Ya no excavaba a lo loco, sino que lo hacía en las inmediaciones de lugares con más posibilidades; es decir, allí donde había gente en actitud de búsqueda, o bien donde previamente habían estado otros niños con sus juguetes. Luego descubrí que había una profesión en la que excavar formaba parte de la ecuación, y decidí cursar los estudios correspondientes para poder dedicarme a mi verdadera pasión. La búsqueda de fósiles es el trabajo más gratificante que cualquiera podría imaginar. Te obliga a ir muy despacio, a revisar toda la tierra eliminada, a concentrarte en la esencia de l...

La mentira

Hace años que rompí amarras con la verdad. Comencé allá por 2009, cuando seguí levantándome todas las mañanas a las 7:00 para ocultarle a mi familia que había perdido el empleo. Seguí mintiendo cuando nos embargaron la casa por impago: “cariño, es un error del banco, todo se va a aclarar”. De mentir a los demás, pasé a mentirme a mi mismo: Laura volverá; no tengo un problema con la bebida; la culpa de todo fue de la crisis... La mentira se ha convertido en la única herramienta para sobrellevar el día a día. Trabajo de teleoperador, mintiendo a la gente a horas intempestivas. Y para lograr el empleo tuve que falsear el currículum, eliminando mi título universitario y mis conocimientos de idiomas. Luego sentí que debía inventar unos recuerdos que cuadraran con dicho currículum. Ideé unos padres de pueblo que emigraron a la ciudad muy jóvenes, una infancia en el extrarradio, un coqueteo con las drogas en la adolescencia y hasta un par de detenciones. Me convertí en el protagonista de mi ...