Este relato ha sido premiado con el primer premio del Concurso de Cuentos Chinos sobre el ferrocarril de la Mesa del Ferrocarril de Almería. Ojalá se corrija el fallo temporal y mis ojos puedan ver un tren conectado con el Mediterráneo en mi ciudad…
![]() |
Foto: Pacolopeh a través de Wikimedia.org |
La placa estaba oculta por varias capas de pintura, tantas que fue imposible leerla en un primer momento tras retirarla. Los operarios lograron arrancarla del improbable espacio que ocupaba en un rincón casi inaccesible de la vieja estación de ferrocarril. Lo normal es que hubiera terminado en el contenedor de los escombros, mezclada con los cascotes, los pegotes de yeso y las placas rotas de escayola. Pero ese no fue su destino porque el capataz pensó que tal vez podría tener algún valor histórico y que, con suerte, podría sacar unas buenas nuevas pesetas subastándola en Globalnet.
La placa fue al maletero del capataz y de ahí, al taller de su casa donde se entretuvo en hacer asomar a base de mucho disolvente y espátula las letras ocultas: “El 25 de mayo de 2005, llegó a esta estación el primer AVE procedente de la ciudad de Madrid siendo titular del Ministerio de Fomento doña Magdalena Álvarez Arza y alcalde de la ciudad de Almería don Luis Rogelio Rodríguez Comendador”.
La sorpresa fue mayúscula. El capataz tenía entendido que el AVE no había llegado nunca a su ciudad. Recordaba incluso que el proyecto se abandonó completamente cuando se anunció la inminente construcción del Hiperloop Coruña-Almería. Y eso había sido en 2105, con motivo de la celebración del centenario de los Juegos del Mediterráneo, hacía ya 17 años.
Aquello no cuadraba.
Estuvo a punto de tirarla al contenedor de residuos metálicos, donde se habría mezclado con los recortes de chapa sobrantes del último proyecto casero del capataz, las latas de refrescos vacías y las bolas de acero de unos cojinetes que su hija había desmontado de su armario de estilo industrial. Pero la placa llamó la atención de la hija, que pensó regalársela a una de sus profesoras de historia de la Universidad, muy enrollada, y experta en el período previo al colapso de la Unión Europea.
La profesora inmediatamente se planteó dos hipótesis al respecto (siempre a la espera de que las prueba de datación establecieran la verdadera edad de la misma): podría tratarse de una auténtica placa conmemorativa que hubiera sido diseñada con demasiada antelación, o podría ser el resultado de algún acto de protesta. En el primer cuarto del siglo XXI se pusieron de moda acciones satíricas, normalmente surrealistas, que los especialistas de la disciplina habían bautizado como “troleos”. Una rápida consulta a la IA de la hemeroteca histórica de la Universidad ofreció como respuesta algunas organizaciones que bien podrían haber sido las responsables del supuesto troleo: la mesa de las infraestructuras, la Asociación de Amigos del Ferrocarril, la Mesa del Ferrocarril, el Foro Ciudad y la Asociación de Vecinos de El Escorial. Esa última no parecía tener mucho sentido, pero en ocasiones la heurística de la IA universitaria ofrecía resultados relativamente inconsistentes.
Respecto a la primera teoría, logró acreditar que, efectivamente, hubo un ministerio de Fomento. También era cierto que en torno a 2005 el alcalde de la ciudad se llamaba Luis Rogelio Rodríguez. Pero, con respecto a la llegada del AVE en 2005, solo fue capaz de encontrar unas declaraciones de prensa de un tal Rodrigo Rato. Respecto a noticias relativas a 2005, la mayoría hacían referencia a los Juegos del Mediterráneo, de los que se había celebrado el centenario hacía unos pocos años. No parecía probable que la teoría de la placa adelantada tuviera visos de ser real. Pero si la placa era un troleo, era necesario conocer al autor o autores, ya que de eso dependería que el objeto tuviera algo de valor.
La profesora estaba reflexionando en su despacho si la placa daba para una publicación de impacto diferencial. Este tipo de publicaciones en la Globalnet eran necesarias para avanzar en la carrera académica. Pero eran muy difíciles de conseguir, ya que al menos se precisaban 20 millones de visualizaciones y 800.000 valoraciones positivas. El tema era demasiado local y no sería fácil sacarle un lado cómico (lo que ayudaba a impulsar las visualizaciones), así que pensó en depositarla en el archivo histórico de la Universidad, donde se hubiera unido a la amplísima colección de placas de calles, la mayoría provenientes de la época de la Guerra de los nombres, cuando cada 4 años se modificaba casi todo el callejero, justo antes de que se optara por numerarlas y poniendo así fin al conflicto.
Ya la tenía en la caja de clasificación cuando un par de hombres irrumpieron en su despacho. Se identificaron como agentes del Gobierno y le pidieron que les entregase la placa. La profesora se negó, pensando que tal vez al final el descubrimiento sí que tenía valor. El más alto de los hombres sacó de su bolsillo un holotablet con el que accedió a la ficha de registro personal de la profesora. Ante la sorpresa de ella, el supuesto archivo inalterable quedó en disposición de ser editado. Llevó el cursor directamente al campo de desarrollo profesional y eliminó la referencia a una de las publicaciones con más visualizaciones. “Si no colabora, no podrá trabajar en la Universidad ni como becaria de primer año”, remarcó el agente. Estaba a punto de alcanzar la categoría de titular y el borrado de ese archivo la había hecho retroceder al menos un par de años en el proceso. No hizo falta más, entregó la placa, y les contó a través de quién había llegado a sus manos, Antes de irse, el mismo hombre del holotablet, sacó de su bolsillo una pistola de inyectables y se la aplicó en la nuca, justo en la base del cráneo. Su cerebro hizo fundido a negro.
Al día siguiente, en la sede del antiquísimo Ministerio del Tiempo de España, una directora general sonreía al leer en la sección de salud del Diario Estatal el siguiente titular: “Detectados en Almería tres nuevos casos del Síndrome de Retroceso Mental a la Infancia”. Mientras, la placa iba camino de la sala de los errores temporales donde se mezclaría con los miles de objetos paradójicos que habían recuperado a lo largo de los últimos cinco siglos.
La placa fue al maletero del capataz y de ahí, al taller de su casa donde se entretuvo en hacer asomar a base de mucho disolvente y espátula las letras ocultas: “El 25 de mayo de 2005, llegó a esta estación el primer AVE procedente de la ciudad de Madrid siendo titular del Ministerio de Fomento doña Magdalena Álvarez Arza y alcalde de la ciudad de Almería don Luis Rogelio Rodríguez Comendador”.
La sorpresa fue mayúscula. El capataz tenía entendido que el AVE no había llegado nunca a su ciudad. Recordaba incluso que el proyecto se abandonó completamente cuando se anunció la inminente construcción del Hiperloop Coruña-Almería. Y eso había sido en 2105, con motivo de la celebración del centenario de los Juegos del Mediterráneo, hacía ya 17 años.
Aquello no cuadraba.
Estuvo a punto de tirarla al contenedor de residuos metálicos, donde se habría mezclado con los recortes de chapa sobrantes del último proyecto casero del capataz, las latas de refrescos vacías y las bolas de acero de unos cojinetes que su hija había desmontado de su armario de estilo industrial. Pero la placa llamó la atención de la hija, que pensó regalársela a una de sus profesoras de historia de la Universidad, muy enrollada, y experta en el período previo al colapso de la Unión Europea.
La profesora inmediatamente se planteó dos hipótesis al respecto (siempre a la espera de que las prueba de datación establecieran la verdadera edad de la misma): podría tratarse de una auténtica placa conmemorativa que hubiera sido diseñada con demasiada antelación, o podría ser el resultado de algún acto de protesta. En el primer cuarto del siglo XXI se pusieron de moda acciones satíricas, normalmente surrealistas, que los especialistas de la disciplina habían bautizado como “troleos”. Una rápida consulta a la IA de la hemeroteca histórica de la Universidad ofreció como respuesta algunas organizaciones que bien podrían haber sido las responsables del supuesto troleo: la mesa de las infraestructuras, la Asociación de Amigos del Ferrocarril, la Mesa del Ferrocarril, el Foro Ciudad y la Asociación de Vecinos de El Escorial. Esa última no parecía tener mucho sentido, pero en ocasiones la heurística de la IA universitaria ofrecía resultados relativamente inconsistentes.
Respecto a la primera teoría, logró acreditar que, efectivamente, hubo un ministerio de Fomento. También era cierto que en torno a 2005 el alcalde de la ciudad se llamaba Luis Rogelio Rodríguez. Pero, con respecto a la llegada del AVE en 2005, solo fue capaz de encontrar unas declaraciones de prensa de un tal Rodrigo Rato. Respecto a noticias relativas a 2005, la mayoría hacían referencia a los Juegos del Mediterráneo, de los que se había celebrado el centenario hacía unos pocos años. No parecía probable que la teoría de la placa adelantada tuviera visos de ser real. Pero si la placa era un troleo, era necesario conocer al autor o autores, ya que de eso dependería que el objeto tuviera algo de valor.
La profesora estaba reflexionando en su despacho si la placa daba para una publicación de impacto diferencial. Este tipo de publicaciones en la Globalnet eran necesarias para avanzar en la carrera académica. Pero eran muy difíciles de conseguir, ya que al menos se precisaban 20 millones de visualizaciones y 800.000 valoraciones positivas. El tema era demasiado local y no sería fácil sacarle un lado cómico (lo que ayudaba a impulsar las visualizaciones), así que pensó en depositarla en el archivo histórico de la Universidad, donde se hubiera unido a la amplísima colección de placas de calles, la mayoría provenientes de la época de la Guerra de los nombres, cuando cada 4 años se modificaba casi todo el callejero, justo antes de que se optara por numerarlas y poniendo así fin al conflicto.
Ya la tenía en la caja de clasificación cuando un par de hombres irrumpieron en su despacho. Se identificaron como agentes del Gobierno y le pidieron que les entregase la placa. La profesora se negó, pensando que tal vez al final el descubrimiento sí que tenía valor. El más alto de los hombres sacó de su bolsillo un holotablet con el que accedió a la ficha de registro personal de la profesora. Ante la sorpresa de ella, el supuesto archivo inalterable quedó en disposición de ser editado. Llevó el cursor directamente al campo de desarrollo profesional y eliminó la referencia a una de las publicaciones con más visualizaciones. “Si no colabora, no podrá trabajar en la Universidad ni como becaria de primer año”, remarcó el agente. Estaba a punto de alcanzar la categoría de titular y el borrado de ese archivo la había hecho retroceder al menos un par de años en el proceso. No hizo falta más, entregó la placa, y les contó a través de quién había llegado a sus manos, Antes de irse, el mismo hombre del holotablet, sacó de su bolsillo una pistola de inyectables y se la aplicó en la nuca, justo en la base del cráneo. Su cerebro hizo fundido a negro.
Al día siguiente, en la sede del antiquísimo Ministerio del Tiempo de España, una directora general sonreía al leer en la sección de salud del Diario Estatal el siguiente titular: “Detectados en Almería tres nuevos casos del Síndrome de Retroceso Mental a la Infancia”. Mientras, la placa iba camino de la sala de los errores temporales donde se mezclaría con los miles de objetos paradójicos que habían recuperado a lo largo de los últimos cinco siglos.
Comentarios