Ir al contenido principal

Un retraso más

Intentó no desesperar. El avión salía con retraso. Otra vez. Las excusas casi nunca eran las mismas: motivos técnicos, viento en la pista de llegada, niebla en la de salida, tráfico aréreo. Siempre imaginaba a alguien en las oficinas de la compañía aérea inventando nuevas excusas para cada retraso. Porque era estadísticamente imposible que siempre que él volase sucediera un retraso. La otra opción era pensar que el Universo se conjuraba en su contra.
Aquella mañana le pareció especialmente molesto, ya que había tenido que madrugar mucho tras apenas haber dormido por otro retraso la noche anterior. Cuando escuchó la voz de la azafata de tierra explicando que el avión saldría más tarde a causa del mal tiempo en Oviedo, sacó su portátil ultrafino y ultraligero de su elegante funda de neopreno y piel y la emprendió a golpes con la cabeza de la pobre mujer.
Fue todo muy rápido: el ataque, la detención y el encierro. Pero en aquella oscura habitación se sintió por fin a salvo del Universo y logró dormir despreocupado de horarios y puertas de embarque.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hurgando en el alma

A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

Quise ser

Quise tiempo para hilvanar palabras, y lo tuve. Quise obtener los favores de la más bella, y los logré. Quise llegar más lejos y, a base de caminar, llegué. Sin embargo, mi alma no encuentra la paz, siempre hay algo más que desear. Quise dejar de soñar, y no pude.