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Nada vale nada

Tener un revólver es mejor que una tarjeta black. Solo se precisa un poco de sangre fría, una voz imperativa y la creencia absoluta en la inmortalidad de quien la poseer. Así he ido dejando cuentas pendientes en todos los locales en los que he estado en los últimos dos meses. Entro, me paseo por la tienda y selecciono aquello que me gusta. Luego voy a la caja y cuando me van a dar el ticket, simplemente saco el arma y digo "cóbrese".
A veces, incluso me han dado la recaudación de la caja. Y esto es un engorro, porque me veo en la obligación de explicarles que no quiero nada más allá de lo que necesito en ese momento. El único problema es que cada vez tengo que irme más lejos de casa a hacer la compra.

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Hurgando en el alma

A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?

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