Ir al contenido principal

El niño sonámbulo

Puede que fueran las dos de la madrugada. No estoy seguro porque tenía mucho sueño. La luz de su habitación estaba encendida y se oían sus pasos ir y venir por el pasillo. Puede que el aumento repentino de luz me despertara. No estoy seguro.
Le vi atravesar la puerta y perderse en la oscuridad del salón. Puede que llegara hasta el despacho. No estoy seguro porque aún no había reunido las fuerzas para levantarme.
Cuando lo hice, lo encontré intentando arrastrar una silla enquistada en el borde de la alfombra. Puede que llevara los ojos abiertos, pero estaba dormido. Lo cogí en brazos y lo llevé hasta su cama. Cuando terminé de taparlo caí en la cuenta de que faltaba la almohada.
Busqué en el pasillo, en el salón, en el despacho y hasta en la cocina. No apareció. Volví a buscar, incluso en la bañera, pero como él parecía no echarla de menos volví a la cama.
A la mañana siguiente Carlos dormía abrazado a la almohada. Como siempre.
Puede que el sonámbulo fuera yo. No estoy seguro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hurgando en el alma

A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

Quise ser

Quise tiempo para hilvanar palabras, y lo tuve. Quise obtener los favores de la más bella, y los logré. Quise llegar más lejos y, a base de caminar, llegué. Sin embargo, mi alma no encuentra la paz, siempre hay algo más que desear. Quise dejar de soñar, y no pude.