Por enésima vez miró los 10 cantos blancos que señalaban la distancia. "10 piedras, 20 metros", pensó. "Tiene que ser suficiente, tiene que ser".
Nuevamente recorrió con la mirada las piedras, contándolas desde sus piés hasta el final. Y, entonces, comenzó a correr. "9, 8, 7, ..." recontaba ya por última vaz según pasaba junto a las señales. "3, 2, 1, ..." Y luego saltó con todas sus fuerzas.
Miles de veces lo había imaginado. Lo había calculado una y otra vez: la distancia, la velocidad, la envergadura, la altura, la presión del aire. Lo único que no llegó a pensar es que, después de todo, él no era un pájaro.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
Comentarios
La verda es que si la lees con detenimiento te da que pensar.
Por cierto, como te dije, he empezado a publicar en mi blog tus historias, voy a una por día, así que tú tranquilo que no te alcanzo. Pues lo dicho, que los estoy publicando y que he dejado un enlace a tu blogg para ver si la gente los lee, un abrazo.